Se rumoreaba que Alberto, el de 2ºB, se había acostado con Carlota, la de 2ºA, en el coche de sus
padres, pero nadie decía nada de que yo también lo había hecho.
La gente habla mucho pero pocas veces dicen lo correcto, y si lo hacen, no se entera ni Cristo.
Yo no tenía mucha idea de cómo funcionaba todo aquello, ni los coches ni el sexo —si algo me
había enseñado el cine, es que ambas cosas van unidas—, pero hacer como que sabes lo que haces
suele ser la mejor manera de hacer las cosas.
El coche de los padres de Carlota era pequeño y olía a pino.
Todo fue bien. Hacía calor, mucho calor, y los brazos húmedos de Carlota, alrededor de mi cuello,
me recordaban a un par de tentáculos.
¡Tentáculos en el bosque!
Nunca sabes dónde pueden aparecer esas cosas, agarrarte del pescuezo y hacerte desaparecer.
Esa noche, Carlota me agarró muy fuerte, al terminar empezó a llorar sobre mi espalda.
Hacer como que sabes lo que haces suele ser la mejor manera de hacer las cosas.
¡Tentáculos en el bosque en días de tormenta!
Ahora hacen películas de casi cualquier cosa y Carlota me dijo que yo no me montase ninguna con
lo nuestro, que entre una cosa y otra era imposible.
En mi cuarto no había tentáculos ni olor a pino, pero durante un tiempo llovió cada vez que pensaba
en todo esto.

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