Quiero saber a qué huelen las flores
y descifrar el enigma de la primavera
para poder echar raíces
desenraizando
a mi manera
cada atisbo de insensatez.

Bebo tila, manzanilla y tés
como liberándome
con sabiduría natural
de cada una de las contradicciones
de este mundo
dónde reina el capital.

Vamos contra natura:
plantamos árboles
para contrarrestar los efectos de la contaminación
que creamos al talar árboles
para plantar más casas,
más coches,
más gente,
más tecnología
y menos vida.

Vamos en contra de nuestra propia naturaleza.
Pero no somos antinaturales,
somos antinosotros.

Ya no tenemos relojes biológicos
los hemos adaptado a nuestro egoísmo
y ahora son tecnológicos:
se han vuelto cuadriculados
e insensibles.

Hemos quemado a las brujas
y sustituido las plantas
por pastillas con principios activos
basados en plantas.

Hemos olvidado el arte de regar,
cuidar, ser paciente,
de disfrutar de lo naturalmente disponible
hemos asimilado la inmediatez
como principio.

Capitalizamos la tierra,
los bosques,
los animales
y asumimos que es nuestro derecho inalienable.

Ahora dime
como quieres que no envidie a la primavera
si es la única que no pierde la esencia
aún cuando nadie aprecia su belleza.

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