En un país lejano, vivían hadas, duendes, reyes y otras criaturas divinas . Habitaba en lo alto  de la montaña de oro una piedra de cristal  mágica que concedía deseos. Solo concedía deseos buenos y si alguien intentaba engañar a la piedra sería sumamente castigado o incluso los mataba.

Las hadas también solo cogía a la gente que era inocente y por supuesto que hayan sido buenos. Estas hadas tenían en un cofre todos los nombres de las personas del mundo. Cada noche removían el cofre y sacaban un nombre , si ese niño se portaba bien y además era inocente, enviaban a un duende o hada a buscarlo para pasar la noche con las hadas y además si querían podían subir a la montaña de oro para pedir un deseo o simplemente ver la preciosa piedra.

Sucedió que una chica estaba de vacaciones con sus abuelos y sus primos, además  ella se sentía triste pero ni si quiera sabía porque hasta que se dio cuenta porque era. En el país de las hadas lo supieron, pues también cogen a niños que están tristes para poder consolarlos.

Una noche, mientras la chica se acostó apesadumbrada y triste con su prima, pudo ver como una luz brillaba intensamente, pero no le importó demasiado y se durmió. Mientras dormían, unas hadas entraron por la ventana y cogiéndolas suavemente las llevó al país de las hadas.

Las hadas se dirigieron a la reina de las hadas y le dijeron lo siguiente:

Majestad aquí traigo las dos niñas que nos pedisteis.

Esta bien las puedes despertar y enseñarles todo lo que hay y a lo mejor querrán algo de comer.

Se despertaron y lo primero que vieron fue un montón de juguetes, comida, ropas y sobre todo vieron  un montón de hadas y duendes.

Antes de que las hadas hicieran el mandato, les  vistieron con ricas prendas brillantes, zapatitos de cristal y una diadema de oro con diamantes. También en los vestidos tenían perlas y les dieron un collar de oro y un anillo con una esmeralda.

Algunas de ellas le enseñaron todo el país, que hacían y también les contaron lo de la bella montaña de oro, pero de momento no les quisieron contar lo de la piedra mágica, pues se la dejan para el final antes de irse.

Bailaron y jugaron, la prima y la chica se hartaron de jugar y comer, ahora ya no estaba triste, le parecía como que estaba en una excursión con sus amigos divirtiéndose y haciendo actividades. En realidad era lo que deseaba, irse de campamentos, pero sabía que ya no le quedaban esperanzas y al fin y al cabo era solo un sueño. Se equivocó porque todabía le quedaba por conocer a la reina de las hadas y la piedra de los deseos.

Ya casi empezaba a despuntar el alba y las hadas ya se pusieron en alerta para devolver a las dos chicas a su casa, pero antes de irse les llevó a conocer a la reina y a devolver las ropas para prestárselas a otros niños que vendrían a la noche siguiente.

Las condujeron a presencia de la reina y les preguntó:

¿os ha gustado estar aquí?

O sii fue muy divertido.

Me alegro mucho y como habéis sido buenas y no habéis hecho ninguna travesura podréis venir aquí alguna otra vez.

La chica ya sabía que tendría que volver a casa y otra vez se puso triste. Ya no podía imaginarse que estaba de campamentos con sus amigos, hacer actividades como el rafting, patinar sobre hielo, arborismo y muchas otras cosas.

La reina las cogió de la mano y las llevó a la montaña de oro y les contó todo sobre la piedra de los deseos.

Mira quí puedes pedir lo que quieras mientras no sea ningún deseo malvado.

Venga puedes pedir un deseo.

Muy bien dijo la chica:

Lo único que me gustaría hacer es ir a ese campamento que justo será la semana que viene.

Ya veré lo que puedo hacer dijo la reina. La piedra se iluminó como diciendo lo mismo que la reina.

También la reina dijo que podría pedir mas deseos si quisiera pero la chica prefirió reservarlos para otra ocasión que necesitase.

La reina se despidió de ellas y tocándolas con su barita mágica las durmió para que las hadas las pudieran llevar de vuelta a su casa.

La reina dejó a la chica los zapatos de cristal para que se los llevara de recuerdo y una pequeña piedra para que le diera suerte.

Llegaron a casa y ya era de día. Ya entraba la abuela para darle el biberón a la prima cuando vio aquellos zapatitos de cristal y la piedra.

La niña pensó que a lo mejor se haría realidad su deseo y albergaba una pequeña esperanza.

¿al final irá ella de campamentos como desea? bueno eso ya lo sabremos en otra historia si ha ido y si va seguramente se lo pasará muy bien y por supuesto que lo contará a la reina al día que vaya a visitar otra vez el país de las hadas y no se olvidará darle las gracias.

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