Mierda, me he enamorado … ¿de un amor fugaz?
¿Por qué en uno de los peores momentos de mi vida, aparece ese chico con el que siempre he soñado? Ese chico que cumple lo que siempre he soñado, ¿por qué? Cuántos momentos en tu vida tienes, pero no, a ese chico lo tienes que conocer quince minutos antes de empezar tu primer examen de selectividad, sí claro, mucha lógica veo yo allí.
¿Nunca os ha pasado el típico amor de lo que dura el recorrido del bus o del tranvía? Pues eso me ha pasado a mí, pero en selectividad.
Cuando lo vi delante de mí, ya solo su moreno me sorprendió y su pelo castaño. Pero cuando se giró pude admirar sus preciosos ojos verdes. Moreno con los ojos verdes, qué más se puede pedir. Bueno una cosa sí puedo pedir, ¿podría no estar haciendo selectividad? Pero no, la lógica no iba mucho conmigo.
Venga, tú tranquila, si no le hablas no va a pasar nada ni te vas a acordar mucho de él, tú a lo tuyo, con la calma. ¿Lo peor de todo? Cuando el supuesto chico perfecto se gira para preguntarte una cosa y tú (que no falte) le das tu mejor sonrisa. ¿Lo mejor de todo? Que el desconocido se fie de ti para sus dudas de última hora. Y así fue, estuvimos hablando como si nos conociéramos de siempre, pero solo cuando han pasado diez minutos, es decir, cinco minutos antes de la masacre de ver el examen de historia.
Pude observar mucha tranquilidad mientras realizaba el examen, una tranquilidad que pudo transmitir y que yo acepté con muchas ganas, ¿quién no quiere tranquilidad en un momento tenso?
Adrenalina, eso fue lo que sentí cuando acabé mi examen y fui en busca de mis compañeros mientras tenía de cerca a ese chico y no podía dejar de observarlo. Venga, tira a tu casa a comer y a repasar para el siguiente examen que los minutos corren. Eso pasa cuando haces caso a tu cabeza y haces lo que ella te dice (gracias cabeza)
Y se volvió a repetir, tuve una charla con él antes de empezar el siguiente examen, y seguía con la misma tranquilidad de antes (aunque según él no se sabía nada) Pero un examen menos, hasta que llegó el último del día y otra vez, la misma tranquilidad del día teniendo al chico delante de mí. Y debo de admitir que sentir esta tranquilidad en momentos como este no se siente tan mal.

¡Pero vete a tu casa que tienes que seguir repasando para los exámenes de mañana y te tienes que dormir pronto para levantarte pronto y seguir repasando! No sigas mirando a tu “chico perfecto”. Y otra vez tuve que agradecer a mi cabeza su grandiosidad y lógica y se fui a mi casa con la intención de despedirme, pero no lo vi y me tuve que quedar con las ganas.
¡Buenos días mundo! Ya queda menos para acabar, lo que significa que también queda menos para verle, pero … ¿cómo podía estar pensando en eso ahora mismo? Me debería estar preocupando por aprobar y no por otra cosa, pero, es acordarme de esos ojazos y ya tener ganas de seguir viéndole, no lo podía evitar.
Y allí estaba, antes del examen de matemáticas, otra vez con su peculiar tranquilidad y su bonita sonrisa que todavía era capaz de transmitir más tranquilidad. ¿Cómo alguien es capaz de hacer eso? Pero no tuve la oportunidad de hablar con él, pero con poder verle yo podía llegar a ser muy feliz y a estar mucho más tranquila, por lo que me puse a mi examen.
¿Lo más raro de todo? Que tus compañeras te pregunten si conoces a ese chico por el “feeling” que había cuando estabais hablando y que “menuda confianza había entre vosotros” Gracias por animarme chicas pero no, no lo conocía de nada, simplemente que soy muy sociable. ¿Cosas más raras? “Has ligado, ¡qué huevos!” Supongo que os podéis imaginar que el resto de conversaciones fueron así durante ese día.
Pero al lío, segundo examen, filosofía. Ahí estaba yo hablando con él y él hablando conmigo (que bonito) ¿Lo más gracioso de todo? Cuando subiendo unas escaleras casi te caes delante del chico y los dos os empezáis a reír. O el momento en el que te giras para verlo y hay un momento en el que vuestras miradas conectan y no os podéis dejar de mirar, pero no hay tensión, solo existe la misma tranquilidad que ha existido durante estos dos días.
Y ya llegado al último día, el último examen, el último día que le iba a ver. Y le vi, con una camisa blanca que todavía resaltaba mucho más su moreno y otra vez hablando con él, animándole porque pensaba que iba a suspender selectividad y aquí, yo siendo positiva para decirle que no va a suspender y que le va a ir todo bien.
Y ya al salir del último examen, nuestra última conversación, y se fue, antes de que yo pudiera despedirme de él.
Debería estar muy feliz por haber acabado los exámenes y porque además me han salido bien, pero no estaba muy feliz, estaba más bien triste, desaminada.
Lo que pasa es que tú no querías que se acaba selectividad, por alguna razón le habrá tocado hacer los exámenes tan lejos, en el mismo sitio que tú. Piénsalo.
Y me puse a mirar la foto que le hice porque mis amigas me la habían pedido, y aunque parezca mentira me acordaba de los momentos que hemos pasado juntos. Os podrá sorprender, porque solo han sido tres días que le he visto, pero he visto al chico con el que siempre he soñado, y ojalá lo pueda volver a ver.
Y con esos ánimos, estaba hablando con mi amiga. “Imagínate que se decide y acaba yendo a la misma carrera que tú o que algún día que lo encuentras por la universidad, o cualquier día te lo encuentras paseando con sus amigos y le puedes hablar”
Y pasaron los días, pensando en él pero intentando no pensar en él sacármelo de la cabeza y pensar en el verano que me esperaba, pudiendo disfrutar de mis amigas, del tiempo, de todo aquello de lo que no me podido disfrutar durante todo el curso, pero era abrir mi móvil y ver su foto.
No seas tonta y bórrala. Es que no quiero, no me quiero olvidar de él. Pero si no se le ve la cara. Pero es que esos ojos verdes no se olvidan fácilmente. Si tú quieres son muy fáciles de olvidar. Pues será que no quiero olvidarme de esos ojos. ¿Qué pasa, te acuerdas del examen de filosofía, justo el momento en el que vuestros ojos se juntaron y ninguno de los dos separó la mirada? Maldita cabeza, déjame en paz, quiero descansar de todo el curso y tú no me dejas.
Y así pasó el verano, acordándome más de lo debido del supuesto chico perfecto. Pero con muchas ganas de empezar la carrera y quién sabe lo que me puede pasar, me hacía mucha ilusión saber que iba a conocer a gente nueva y que por supuesto, iba a tener nuevas relaciones de amistad.
Pocos días antes de empezar la universidad me acerqué a la facultad de educación (sí, quiero estudiar magisterio infantil) para comprobar el horario del día que íbamos a empezar.

A mis espaldas oí que un chico estaba preguntando dónde podía mirar los horarios del primer día, y la secretaría le señaló el lugar estaba yo mirando lo mismo. Y se acercó, y hasta que no me giré no me pude dar cuenta de quién era. Hasta que le saludé y me devolvió un saludo. Un “¿Te conozco de algo?” Salió de su boca, y le recordé que hicimos selectividad juntos, y ya poco a poco se fue acordando de mí. Y nos fuimos a un lugar cerca para ponernos al día de todo un poco, de nuestro verano, de nuestras perspectivas de futuro. Me contó que no tenía nada claro que quería hacer cuando le dieron su nota de selectividad, hasta que recordó lo mucho que le gustan los niños, y que se quería ver trabajando con ellos, teniendo a una clase llena de niños, llenos de alegría y sabiendo que esa alegría se te va a contagiar.
Y así estuvimos hablando, hasta que nos quedamos mirando, yo sus ojos verdes y él mis ojos oscuros.
-¿Sabes a qué me recuerda esto?-me preguntó él, y yo asentí para que lo contara.- A aquel momento en el examen de filosofía que nos quedamos mirando un rato, sin decir nada.
-Me transmites tranquilidad, y me di cuenta en el momento en el que te conocí.
Y nos seguimos mirando, es imposible no parar de mirar esos preciosos ojos verdes. Pero yo me empecé a sonrojar y tuve que apartar la mirada.
-¿Por qué me miras así?-le acabé interrogando.
-Porque me encanta tu mirada, mirándote de esa manera… haces que me pierda en la profundidad de tus ojos y en esa noche que emanas en ellos.
Y me quedé sin palabras, no sabía cómo reaccionar.
-Dime algo por favor.
-Es que me he quedado sin palabras, no sé qué decir; solo que me ha parecido precioso.
-Eso me sirve.
Y nos sonreímos y seguimos hablando, nos pasamos toda la tarde hablando, pero siempre había algún tema.

-Mis compañeras se pensaban que nos conocíamos y que había como “feeling” entre nosotros.
-Bueno, yo diría más bien que hay filosofía entre nosotros.
Y bueno, no voy a seguir contando nada más, porque quiero que corra la imaginación y el romanticismo en cada persona que lea esto.

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