Debajo de la carne crecen las manos
que abrazan el canto mudo de los ángeles.
Debajo de nuestra piel hacen la guerra
los besos contra las caricias,
las palabras contra el silencio.

Debajo de nosotros están las estrellas
envenenadas por el llanto de los lobos
que han perdido su razón de ser.

Ya nadie grita por encima,
solo la muerte baila por encima de nosotros.
Por debajo todo es nada y lloramos.

Nuestras cabezas apoyadas por encima de la sangre
languidecen esperando su final.
Sonreímos por debajo del miedo,
la euforia nos traslada por encima de los caminos.

Y volamos por debajo de nosotros
observando cada minúsculo error,
cada amor esperando en la frontera pasar página
o seguir sufriendo con la historia.

Las luces se apagan por encima de las nubes
y cae el universo por debajo de nuestros ojos
y todo vuelve a estar en equilibrio.

Toda esta magia fugaz se desvaneció
cuando se consumó el beso,
cuando definitivamente dejamos de estar por debajo o por encima.
Cuando fuimos equilibrio.

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