<Crash>

— ¡Ups!

— Lo has tirado.

— No, ¡Has sido tú!

— Yo he chutado, te ha rebotado.

— Viene.

— Detrás del sofá

— ¡Me has quitado el sitio!

— Es mío, vete

— ¿Qué pasa? — se escucha desde la cocina

— Nadaaa

— Como vaya…

— Va a venir, corre, corre.

— Me has quitado el sitio

— Era mío.

— Déjame, tato.

— Que no, que te vayas.

— ¡Mamááá!

— Chivota

— Era mi sitio

— Lo has roto

— No, tú has chutado — señalando los restos rotos

— Y ahora viene porque te has chivado

— Nos va a gritar…

— Por tu culpa

— No ha sido mía, ¡Mentiroso!

— Se lo voy a decir.

— Mentiroso

Huye del salón. Se escuchan pasos por el pasillo. Cada vez más cerca, más cerca.

El edredón solo dejaba ver las zapatillas de andar por casa de su madre, entrando al salón con

escoba y recogedor

— ¿Cariño?

— Me va a reñir. Hoy había comprado helado… No me traerán nada los reyes. No podré volver

a jugar en casa.

— ¿Cariño? — se da la vuelta y entra en la habitación — ¿Dónde estás?

— Encima me habrá echado las culpas a mi, como siempre, él nunca hace nada, siempre soy

yo el que rompe todo y él se libra. Lo odio

— Sal de debajo de la cama, cariño

— Ha sido el tato, castigale a él. Yo no tengo la culpa, está detrás del sofá

La madre derrama una lágrima, se agacha y mira a su hijo.

— Vale, hijo, hoy no le pondremos plato en la mesa, venga sal de ahí — le coge la mano, lo

levanta, le limpia las pelusas del pijama y lo aupa. Le da un beso. Recorre el pasillo con su hijo

en brazos, lo lleva a la cocina y le prepara su plato preferido. Lo mismo que le gustaba a su

hermano

 

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