El acantilado es tan alto
que no se aprecia si hay agua.
Huracanes avecinan malos tiempos
para los hombres cobardes.
Las decisiones son las rumbas reveladas
en el polvoriento sueño de un iluso.
Pero bailo, aunque no sepa.
Y sus ojos brillan.
Me transmiten la calidez
que nunca supe soñar.
Me incitan a un viaje
Sin retorno
Sin maletas
Sin dudas
Y la carpa de funambulistas
cuál procesión interna
diciéndome que salte.
Y mi libro con pétalos secos
empezando a dar frutos.
Y qué difícil es ver el agua
en un precipicio casi infinito.
Y qué bonito es cuando aprendes
que sentir va antes que ver
confiar va antes que doler
y el miedo antes de querer
en el diccionario de la vida.

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