Quiero odiarte,

quiero mirarte y no sentir escalofríos,

que pueda aguantarte la mirada sin perderme en tus pupilas,

que me dejes con la palabra en la boca y se me escape la risa,

quiero que pases a mi lado y no te lleves mis ojos contigo,

quiero que no seas nada,

o mejor, quiero que seas todo mi instinto.


Aunque prefiero tenerte al margen,

lo necesariamente cerca, pero lo suficientemente distante.

Eres un imán para mí,

sé que en cuanto me tambalee irremediablemente me atraerás hacia ti,

no nos quedará otra más que seguir.

 

Seguir escribiendo letras sin sentido,

frases sin concordancia,

sonrisas de hielo en noches calculadas,

días de frío en mitad del estío,

palabras calladas.

 

Un par dividido,

dos errores intencionados colgando de un hilo,

dos canciones distintas siguiendo el mismo ritmo.

 

Te miento porque no me atrevo a decirte lo contrario.

Que quiero tenerte tan cerca que llegue a tragarme tu aire,

quiero mirarte tan fijamente que se me nuble la vista,

quiero contarte tantas cosas, que se me duerma la lengua,

quiero perfilar tus labios hasta aprendérmelos de memoria,

hasta dejarte sin saliva.

 

Tu droga aún sigue teniendo efecto.

Tus miradas todavía arden.

Sólo se me ocurre olvidar el que a veces intento odiarte.

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