Desprendo irradiación solar… Atrapo los rayos de sol y los congelo; los transformo en estalactitas  con mis ojos, reina de las nieves partiendo el Polo Norte como la oblea de dios, derramo mi sangre y parto mi cuerpo para dárselo de comer a los lobos, aquellos que me criaron como a Rómulo y Remo.

 

Mesías de este reino, coronada y sacrificada como Jesús, dulce corona de espinas que

me clavan aquellas mentiras de lo que debería ser y nunca fui. Pasos en falso, pie izquierdo, piso el hielo hasta resquebrajarlo, final anunciado, grietas que conducen hacia el abismo, aquellas que aparecerán en mi rostro de vieja.

 

Que los seres humanos tenemos corazón de animal y los animales corazón humano
Y yo, como el hombre de hojalata, queriendo un corazón de verdad naciendo del fango como la flor de loto, dándole forma con barro, preciosa pieza de cerámica, inerte aún… buscando el toque mágico que ponga en danza los infinitos resortes ocultos que, como innumerables castillos de naipes multiplicándose a velocidad de vértigo, explosionen como el sol, dentro de mí, irradiando hacia dentro, y luego hacia fuera, fundiendo todas las Antártidas del alma y del espacio exterior.

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