Era una noche más a las afueras de aquella ciudad que imitaba las calles parisinas, simulando sus más hermosos monumentos, recreando sus pintorescas casas. Esta belleza artificial solo llegaba hasta el Límite, donde la ausencia de muros físicos pero la presencia de guardias y receptores generaban un ambiente hospitalario y seguro para aquel que encajaba en ese artificio, pero hostil e inseguro para aquel que se desvíaba de aquella perfección.

Nos encontramos en la Tierra, siglos después de la sexta extinción. Después de esta, la Tierra quedó destrozada e inhabitable, la atmósfera, causada por la colisión con un asteroide formado por compuestos químicos nunca vistos, hacía imposible respirar a cualquier ser vivo. En consecuencia, no había ninguna forma de vida en la Tierra, sólo aquellos microorganismos que no necesitaban del oxígeno para vivir. Pasaron los años y pareció desarrollarse un nuevo tipo de vida. Los restos orgánicos de la extinción masiva parecieron mezclarse con los nuevos compuestos traídos por el asteroide. Y así se generaron nuevas especies con el mismo ADN que el de los restos orgánicos, pero tenían algo diferente. Eran superiores a las anteriores. Las plantas alcanzaban alturas inimaginables, daban frutos con propiedades asombrosas, en los animales se acentuaban las habilidades y en los humanos se acentuó la inteligencia. Surgieron siete tipos de nuevas inteligencias: los lógico-matemáticos, los inteligentes, manejaban las ciencias con gran virtud y además podían ver el futuro y el pasado; los intrapersonales, tenían el poder de la felicidad consigo mismos y con los demás; los interpersonales, grandes poderes como la telequinesis, la cronoquinesis; los naturalistas, podían conectarse con los animales, las plantas e incluso el clima; los musicales, poderes preciosos como una gran voz o poderes fuertes como un súper oído y los kinestésicos, super fuerza,super velocidad…los habilidades físicas mucho más acentuadas.

En una de las casetas de seguridad uno de los dos guardias que había en esos momentos salía a hacer una llamada a su familia, pues esa noche estaba siendo bastante tranquila. Empezó a hablar con su mujer y su hija pequeña cuando oyó jaleo proveniente de la caseta. Se precipitó dentro dejando caer el móvil sin darle tiempo a colgar. Cuando abrió la puerta vió la salita principal tal y como estaba antes, sin embargo la sala de comandos estaba abierta. Entró corriendo a ella y encontró a su compañero sentado en la silla frente a los ordenadores.

– Tio me habías asustado, ¿que ha sido ese…? – no pudo terminar la pregunta pues la sangre que brotaba de la herida craneal de su amigo lo dejó atónito. Se giró rápidamente tras otro ruido, pero no había nadie.

– ¿Quién anda..? -un ligero toque en los hombros le hizo sobresaltarse y girarse rápido, para encontrarla a ella, a una muchacha delgada de pelo y ojos color azabache que resaltaban su actitud hostil y sombría. El guardia se quedó parado pues, a pesar de que no hubiese nadie más, no se imaginaba que el cuerpo de aquella joven hubiese sido capaz de causarle tal herida a su compañero. Sin embargo cambió rápidamente de opinión. Sin verlo venir, la chica le pegó tal puñetazo en el pecho que lo lanzó contra la pared, dejándolo casi sin respiración. El hombre, medio inconsciente y escupiendo sangre a causa del golpe, se levantó con una mano en el pecho y la otra llevandosela al cinturón donde escondía su arma. Ya de pie, el hombre apuntó a la chica, pero esta pareció prevenir su movimiento, pues le apartó la pistola, desarmándole y asestando su último ataque, el cual lanzó medio cuerpo del guardia fuera de la ventana.

La atacante se apresuró a rebuscar en los bolsillos del herido. En ellos, encontró las llaves junto a la cartera, en la cual rebuscando algo de valor encontró una foto de una niña jugando en la arena junto a otra más mayor que correteaba alrededor de ella, y tras ellas un mar que se difuminaba con el cielo. Volvió a meter la foto cuidadosamente en la cartera antes de coger las llaves.

Apartó la silla en la que estaba el otro cuerpo y se puso al ordenador, en el conectó a la torre un pen drive que traía consigo, y empezó a extraer datos. Tras haber logrado pasar todos los datos necesarios, desconectó la memoria y borró todo rastro de haber manipulado el ordenador. Antes de marcharse cogió un par de armas del armario trasero gracias a las llaves del segundo hombre. Ya tenía todo lo que había venido a buscar, su trabajo allí había terminado.

 

Reii

 

La Luna se escondía detrás de las nubes grisáceas, se avecinaba una buena tormenta, así que intente acelerar el paso para llegar a casa antes de que lloviese. Por suerte no me mojaría mucho, pues la arboleda que tenía que cruzar para llegar a mi casa, bueno al hotel en ruinas donde vivía, me protegería de la lluvia. Cuando llegué, abajo solo estaba Mayra concentrada en su ordenador como de costumbre. Intenté no hacer ruido mientras me dirigía a las escaleras, pero claramente a ella no se le escapaba ninguna. Me llamó por mi nombre sin levantar la mirada de la pantalla. Me acerqué a saludarla rápido intentando que no reparase en la sangre de los guardias, pero como ya he dicho, era muy avispada.

-Dios mio Reii ¿que has hecho esta vez? -dijo con un tono que me anticipó la bronca.

-Nada Mayra, solo he extraído información de otra de las casetas del Límite. De paso también he cogido un par de armas.

– Reii, ¿acaso no te dije ya que era peligroso? No te han pillado hasta el momento, pero te pueden rastrear con las huellas y lo que hayas hecho en el ordenador y…

-Vamos Mayra, no soy tan estupida. Lo he hecho parecer un simple robo de armas, aunque se me haya ido la mano con uno…- me reí para rebajar la tensión, aunque no funcionó.

– Reii ha sido muy peligroso, ahora estarán más atentos por esa zona.- me reprochó con un tono suave, el que suele poner cuando intenta echarnos la bronca- ¿es que no te das cuenta del riesgo que eso conlleva? y no solo para ti, sino para todos nosotros. -ella se preocupaba mucho por mi, por todos los que viviamos alli. Así era ella, era como una madre para los que vivíamos allí pues consiguió hacer de ese hotel en ruinas un hogar. Perdió a su hijo con las redadas cinco años atrás, y aunque nos tuviese a nosotros para llenarla, no lo sabía superado del todo.

– Sabes que todo lo hago siempre con mucho cuidado, además ya me queda menos para llegar a ella…- dije, arrepintiéndome al momento, pues ya sabía que como siempre me caería charla. Me dirigí hacía las escaleras intentando dar por terminada la conversación pero Mayra no pareció entenderlo.

– Reii, tienes unas habilidades increíbles, a parte de que tu tipo de kinestesía es muy solicitado, podrías haber estudiado en las mejores escuelas y ahora tendrías un buen trabajo que…

-¿Que me hubiese dado una vida llena de dinero y cantidades de amigos superficiales? ¿De verdad crees que eso habría conseguido llenar este vacío que siento?

No, ellos me quitaron lo único que lo podía llenar. Se merecen lo mismo, se merecen que les rompa todos sus esquemas desde…

– Desde arriba, atacando a su líder -terminó la consigna que tantas veces me había oído recitar – Reii, te entiendo totalmente, pero esta venganza no te va a dar lo que quieres.

– ¡Tu que vas a entender, si dejaste de luchar después de lo de Eiden! La tristeza te ha consumido y no te deja ver la realidad -lancé la taza que tenía sobre la mesa contra la pared y subí corriendo las escaleras hacia mi habitación. Volvió a llamarme pero la ignore y aceleré.

Seguí recorriendo las escaleras hasta llegar a mi habitación, bueno realmente no era una habitación ya que dormía en el ático. Si, sin techo y con el cielo al descubierto, pasaba frío pero me daba seguridad el poder contemplar ese cielo anaranjado por las noches. Cuando llegue me tumbé en mi cama recuperando la respiración, pues no era un hotel especialmente pequeño. Me recosté y me tumbé boca arriba para poder mirar las estrellas. Intenté relajarme pero estaba realmente cabreada, aunque no con Mayra. Sin embargo lo pagué con ella. Dios mío, ¿qué le acababa de decir?. Me había portado fatal con ella siendo que fue ella quien me recogió cuando estaba sola y perdida, pero es que esta es la única manera de superar el pasado. Y solo lo haré de esta manera.

Hace cuatro años que ocurrió, pero para entenderlo todo hace falta echar la vista una década atrás. Mi hermana pequeña Lilii y yo acababamos de quedarnos huérfanas a causa de un accidente de avión. Enseguida nos metieron en un orfanato de la misma ciudad, del cual tengo buenos recuerdos; los monitores nos trataban con mucho cariño y tenía muy buenos amigos. En resumen, tuve una infancia feliz hasta aquel fatídico día.

Un domingo por la mañana mi hermana y sus amigos estaban jugando al escondite en el jardín del orfanato, mientras yo leía. Hacía buen día y mis amigos estaban jugando a fútbol, algo que me encantaba, pero amaba leer, sobre todo libros de antes de la extinción. Mi hermana estaba persiguiendo a sus amigas, hasta que se cayó haciéndose una pequeña herida en la rodilla. Empezó a llorar hasta que la monitora vino a curarla. Tranquilizó sus sollozos cantando, pero alguien la interrumpió. Le pidió que siguiese cantando pero la presencia del recepcionista del hotel la paralizó, y aún más cuando le dijo algo de que unas personas ya habían llegado. Pregunté a la monitora a quienes se refería, pero, tras una sonrisa fingida, me dijo que volviese a leer. Ella se apresuró dentro del edificio. Siempre he sido muy curiosa, así que no me pude quedar quieta. La seguí. Se paró en el vestíbulo, donde la esperaban unos hombres muy grandes vestidos de uniforme. No tenía ni idea de quienes eran, pero sabía que no eran buenos, pues llevaban pistolas. Intenté escuchar la conversación pero bajaron el tono para que no los oyéramos. Me quede observando hasta que los hombres se dispusieron a entrar, pero la monitora intentó pararlos. Hubo poco forcejeo, pues consiguieron entrar. Sentí el peligro por lo que entré corriendo a buscar a mi hermana. Seguía en el patio corriendo.

– Lilii, vámonos -le dije mientras la cogía del brazo y me la llevaba al fondo del patio, que tenía una puerta que daba a un trigal extenso.

– ¡Ah! ¡Para Reii! -me gritó zafándose de mi mano- Me haces daño, y se me haescapado Laura por tu culpa. – dijo enfurruñada

– Lo siento pero tenemos que irnos -le dije- Te lo explicaré luego pero no podemos quedarnos más -volví a cogerla del brazo para llevarmela pero los hombres ya habían llegado.

Afortunadamente nos encontrábamos ya cerca de la valla que daba al trigal, pero los hombres nos habían visto. Eché a correr con Lilii detrás, abrí la valla y nos adentramos en la espesura del trigal. Corrimos y corrimos hasta dejar de oír las voces de los hombres.

Llegamos a un bosque, pensé que allí no nos encontrarían. Caminamos por un rato hasta llegar a una cabaña, donde decidimos refugiarnos. Encendí fuego en la chimenea que había, y nos sentamos juntas para calentarnos.

– Reii, ¿ qué ha pasado? -me preguntó- dijiste que me lo contarías -estaba asustada, pero aún más confusa, tenía que decírselo. Y lo hice.

 

Realmente, yo no tenía edad para saber la situación de aquel momento, era una cría en verdad, pero leía demasiados libros. Las monitoras me prohibían algunos, decían que eran para mayores, pero los robaba de la biblioteca y los leía por la noche sin que se enterasen. A veces también escuchaba a escondidas a las cuidadoras, como ya he dicho era muy curiosa. Fueron estas cosas las que me mostraron el peligro que corría la gente como mi hermana, y las que hicieron que mi reacción fuese huir.

 

Hacía varias décadas que los lingüísticos se encontraban en el poder. Su gobierno, elegido por la mayoría de las inteligencias, había tenido bastantes dificultades pero intentaban contentar a todas las inteligencias por igual. Llevaban mucho tiempo consiguiendolo, hasta que las inteligencias más privilegiadas, sobre todo los lógico-matemáticos, empezaron a sabotear su presidencia. Estos querían un gobierno que satisficiese sus caprichos, por encima de las necesidades básicas de aquellos que más lo necesitaban. Criticaban los más mínimos fallos, compraban a gente para conseguir pruebas falsas… Acabaron con su reputación dejándola por los suelos, obligando a renunciar a la presidencia. Los LM entonces aprovecharon esa oportunidad. Se presentaron como buenos sustituyentes, prometieron conceder caprichos a los más privilegiados, y ayuda a los más necesitados. Empezaron con campañas para recaudar ayudas para inteligencias como la natural, la intrapersonal, las más necesitadas, pero siempre dejaban de lado la interpersonal. Tampoco era de las que peor se encontraba económicamente pero se merecía igualdad. La gente empezó a cuestionarse esa injusticia. Entonces la realidad salió a la superficie.

La inteligencia lógico-matemática siempre había temido a la intrapersonal, eran poderes que se escapaban a su afán de control, lo que generaba una tensión entre ambas fuerzas. Una telequinesis o una cronoquinesis no eran igual de fáciles de controlar que una zoo-conexión o un superoído. Entonces empezaron los rumores sobre intrapersonales desaparecidos, eran casos esporádicos y poco fiables, pero la gente tenía miedo. Nunca me planteé que mi hermana corriese peligro, pues nos encontrábamos en un orfanato apartado de la ciudad, hasta ese día.

 

Seis años después del incidente del orfanato, mi hermana y yo crecimos escondiendonos del peligro, de las fuerzas de autoridad. Vivíamos en las sombras, ocupando casas abandonadas, robando comida, lo justo para sobrevivir. Hubo grupos de fugitivos como nosotras con los que nos juntábamos, nos ayudabamos y no nos sentíamos tan solas. Sin embargo, siempre acababan encontrándonos, solo conseguíamos huir mi hermana y yo. Era una vida dura, pero el hecho de seguir vivas y de defender a mi hermana me mantenía con ganas de seguir adelante.

Durante este tiempo tenía prohibido a mi hermana utilizar sus poderes, aunque yo usaba los míos. Mi inteligencia pertenecía a la de los kinestésicos, podía concentrar toda mi energía en una parte de mi cuerpo, en mis puños, en mis piernas, donde quisiese, lo que me cedía ventaja a la hora del combate cuerpo a cuerpo. Esto me venía bien cada vez que tenía que robar o huir, pues nadie conseguía atraparnos. Un día, mi hermana y yo nos acercamos al Límite, esas fronteras donde se juntaban las afueras donde vivía la escoria social y la ciudad donde se encontraba la élite y aquellos que cedían ante el dominio de los acomodados. Nos quedaba poca comida, así que fuimos a buscar a las tiendas a las que solíamos ir, tiendas poco vigiladas. Era algo que solíamos hacer, pero ese día no tuvimos en cuenta que había más guardias de lo normal. Uno de ellos consiguió atraparme, sabía que podía escabullirme sola, pero mi hermana decidió actuar.

Le había prohibido utilizar su poder, le había hecho ver que era peligroso, que su poder era perseguido, y según algunos rumores, castigado. Pero no, por lo visto no lo había entendido. Los guardias, kinestésicos comprados por los LM, se asustaron ante la presencia de un intra. Dos de ellos se ocuparon de mí, mientras los demás acorralaron a mi hermana. No sabía luchar, debería haberle enseñado, debería. Ella se puso nerviosa, era mala señal. Cuando lo hacía generaba un dolor de cabeza en el más cercano a ella. Los guardias lo notaron y se acercaron más a ella, para atraparla. Ella centró su fuerza en uno de ellos y empezó a torcer su brazo mentalmente. Los demás aprovechando la atraparon, pero ella empezó a torcer los brazos de todos, era lo único que sabía hacer, no controlaba muy bien su poder. Entonces un guardia, parecía novato, un tanto asustadizo, le disparó en el pecho. Antes de caer de espaldas me buscó con la mirada. Los guardias que me sujetaban aflojaron sus agarres, salí corriendo a por Lilii.

– Lo siento, Reii -murmuró mientras se esforzaba por respirar- Siento no haberte hecho caso -paró para toser, presionándose la herida.

– Para Lilii, no hables, respira- le dije mientras lloraba- no pasa nada.

– Hemos vivido con miedo mucho tiempo -susurró- vive tu por mi a partir de ahora. -cerró sus ojos azules.

Lloraba mientras inutilmente intentaba despertarla de aquel sueño eterno e inevitable. No lo recuerdo con claridad, pero al rato los guardias me apartaron de ella, me metieron en un furgón blindado y me llevaron al centro de recursos sociales donde he estado viviendo hasta hace poco, hasta que decidí huir de la ciudad, de esa mentira tan bien vendida y tan sucia. Entonces decidí apartarme, aislarme, sin alejarme del todo, en un sitio que me permita ver todo para planear mi venganza, para cobrarme todas las muertes que hagan falta para que mas gente como mi hermana pueda vivir feliz, sin miedo, pues ella me enseñó que es lo peor que hay.

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