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 Cielo, mira al cielo,
duelo yo por tu duelo,
modelo el modelo
que el revelo incita tu rebelo.
El topo que sin querer se topó,
que copó todo el copo
de tu giroscopio.

Sin ripio, con tus palabras de río,
ardió el crío que vuestra merced conoció.
Ansió el expío de helio,
que sin juicio partió
por el pifio que corrió.

Entra y muestra la muestra
a diestra y siniestra,
de la nuestra esencia
que conoció la invariable letra.
Centra la guía sobre otra,
porque vuestra es mi bahía.

Sin fobia, gemía y yacía
hacia el germen que bebía.
Concebía aquella soberbia
mientras bullía y crecía.
Ante desvía, lanzaba la cumbia
que cubría tu miopía y hasta podría
hundir la ciencia de la cuantía
en aquella jauría.

Porque tremenda molienda
de esta prebenda que remienda.
Y por tu senda de leyenda
con mi ofrenda pa' que ascienda,
esplenda el misterio que prenda
la prenda de tu merienda.