Ceguera

Me acuerdo de esa gélida noche.
Todo ocurrió de manera apresurada.

Hoy me despierto, y aunque no puedo abrir los ojos, le siento a mi lado. Él también me siente, lo sé. Lo sé con certeza.
Murmura algo con su impostada voz. Yo sé que es impostada.
Porque él es seguro de sí por fuera, pero no por dentro.
Porque él es serio, pero no por dentro.
Porque él es cobarde, pero no por dentro.
Porque él es impulsivo, pero no por dentro.
Porque él es frío, pero no por dentro.
Porque él es simple, pero no por dentro.
Porque él es desconfiado, pero no por dentro.
Porque él es imperfecto, pero no por dentro.
Porque él es realista, pero no por dentro.
Porque él es apático, pero no por dentro.
Porque él es desorganizado, pero no por dentro.
Porque él es ansioso, pero no por dentro.
Porque él es ciego, pero lo ve todo.

El resto del mundo lo conoce por como es por fuera, pero no gozan de la suerte de conocerlo por dentro, como él es, como él piensa, como él se comporta.
Me gusta como abraza y acaricia mi alma.
Me gusta como mi sonrisa se forma gracias a él.
Me gusta como soy cuando estoy con él.
Me gusta como me conoce.
Me gusta como le conozco.
Me gusta él.


Descubrí cómo conocer a alguien cuando esa noche llegó.
Descubrí cómo conocer a alguien cuando aquella desgracia me ocurrió.
No la puedo denominar desgracia, pues me llevó a una de las paradas más bonitas del tren de mi vida, me llevó a encontrarme con él.

Me acuerdo de la noche que me quedé ciega.
Me acuerdo de la ambulancia llevándome al hospital, pero de lo que más me acuerdo era de la persona que estaba en la camilla de al lado.
Él.