Destino

LA LLEGADA

Por fin llegó el día, hoy me iba a trabajar todo el verano a Ibiza al hotel Destino. Era la primera vez que me iba todo el verano a trabajar fuera de Tenerife y para que iba a mentir, me asustaba un poco pasar tanto tiempo fuera de casa sin mi familia, mi perrita Donatella y sin mis amigos pero lo que me tranquilizaba es que iba a hacer lo que más me gusta en la vida, cantar.

Llegué a Ibiza y me fui directo al hotel. En cuanto bajé del taxi me recibió el botones. Era un chico de estatura media, rubio y muy guapo. Además tenía una sonrisa preciosa.

-Hola, bienvenido a el hotel Destino. ¿En qué puedo ayudarle? –dijo el botones con una enorme sonrisa.

-Hola, soy nuevo y vengo a trabajar para cantar por las noches.

-Sí, me dijeron que hoy llegaría el nuevo cantante y lo tenía que recibir y enseñarle las instalaciones. Eres David ¿verdad? –dijo el botones mientras sacaba la maleta del taxi.

-Si soy David, y tú eres Víctor ¿verdad? –dije riéndome ya que me había fijado en el cartelito que llevaba en la camisa.

Víctor me miró con cara de pocos amigos y me hizo un gesto para que entrara dentro del hotel.

Que poco sentido del humor tiene este chico, tiene pinta de que no le gustan las bromas así que mejor me quedo callado todo el rato que esté con él.

Víctor me enseño todo el hotel y me llevó a una zona donde se alojaban algunos trabajadores.

-David, tu habitación es la 17 y si tuvieras algún problema mi habitación es la 21 o simplemente llama a recepción. –dijo Víctor.

-Vale, de acuerdo Víctor. Y por cierto encantado de conocerte.

-Igualmente y mucha suerte en tu primer día de trabajo. –dijo Víctor con una enorme sonrisa.

El día transcurrió con normalidad pero había algo que no podía sacarme de la cabeza y era a ese chico rubio. ¿Qué me está pasando? No voy a negar que Víctor sea muy guapo pero no quiero enamorarme de nadie porque sé que si me enamoro de alguien lo voy a pasar muy mal y no quiero sufrir.

Llegó la hora de cantar y animar la noche, me gusta cantar en hoteles y discotecas pero me gustaría poder cantar en un sitio donde la gente no te mande callar y donde me escuchen de verdad porque les gusta lo que hago.

Canté varias covers y cuando estaba cantando la última canción, “Tu refugio”, miré hacia la izquierda y ahí estaba Víctor, mirándome. Lo ignoré y seguí cantando pero no podía dejar de pensar ¿qué hacía ese chico ahí? ¿Qué hacía observándome?

Cuando acabé de trabajar, Víctor ya no estaba ahí pero lo busqué por todo el hotel, necesitaba hablar con él.

TODO PASA POR ALGO

Estuve un rato buscando a Víctor por todo el hotel pero no lo encontré por ningún sitio. ¿Dónde se había metido? Tenía que encontrarlo, necesitaba hablar con él, necesito saber que le pasa conmigo y porque me espía.

Cansado de buscar por el hotel fui a buscarlo a su habitación ya que era el único sitio que me quedaba por mirar pero cuando iba a llamar a la puerta escuché voces, parecía la voz de Víctor y la de otro chico y por lo que se escuchaba desde el pasillo no tenían una conversación muy amistosa porque estaban discutiendo. No quería molestar así que me fui a mi habitación.

Narra Víctor

Desde que recibí por la mañana a ese chico no podía dejar de pensar en él, no podía sacármelo de la cabeza. ¿Qué me estaba pasando?

Por la noche estuve un rato mirándolo a escondidas mientras cantaba, realmente tenía una voz preciosa y cantaba muy bien, pero antes de acabar me fui ya que no quería que me viese que estaba viéndolo así que me fui hacía mi habitación.

Para mi sorpresa me estaba esperando un amigo en la puerta, ya no me acordaba que tenía que aclarar una cosa con él. Entramos a la habitación e intentamos aclarar las cosas pero en mi cabeza solo podía pensar en una cosa y era en David.

Al día siguiente empecé mi turno de trabajo y como cada día atendí a los clientes que venían al hotel. Estaba deseando que acabara mi turno para poder buscar y hablar con David.

Cuando me quedaban unas dos horas para acabar mi turno, David apareció. Pero ahora no iba a decirle nada…

-Hola, buenos días Víctor. Hoy iba a madrugar para visitar algo de Ibiza pero estaba tan cansado que me he quedado dormido. ¿Qué me recomiendas visitar?

-Hola, que tengas un buen día. Y si necesitas información pregunta en recepción, yo solo soy el botones.

-Vale. –dijo David con cara de enfado.

Pero… ¿qué acabo de hacer? Con esa contestación que le he dado se debe pensar que soy un borde. Ahora más que nunca sí que tengo que hablar con él.

Pero este estúpido que se ha creído hablándome a mí así. Entré a recepción me resolvieron lo que el botones no me quiso decir y volví a salir no sin antes mirar con cara de odio a David. Luego a la hora de la comida si o si lo tengo que encontrar, ahora más que nunca tengo que hablar con él porque yo creo que no le hecho nada para que me conteste así. Después de mi mini excursión por Ibiza volví al hotel y busqué a Víctor por todos los rincones pero no lo encontraba, decidí ir a su habitación pero tampoco lo encontré ahí. Cansado de buscar me fui a comer. –pensó David.

Acabé de trabajar, fui a darme una ducha relajante y me fui a comer. Nada más entrar al buffet me encontré con David, mi trabajo de buscarlo había sido rápido.

-Hola, llevo un buen rato buscándote. Por fin te encuentro, necesito hablar contigo. –dijo David.

-Sí, yo también tengo que contarte algo.

-Vamos a esa mesa y hablamos tranquilamente. –dijo David indicando la mesa del rincón.

-Lo primero de todo siento haberte contestado así esta mañana. Ayer tuve una mala noche y siempre pago las cosas con quien menos se lo merece. Perdón.

-No pasa nada, todo el mundo puede tener un día malo. Por cierto, ¿Estás bien? Ayer por la noche fui a buscarte a tu habitación y te escuché discutir con alguien.-dijo David preocupado.

-Vaya parece que al señorito le gusta espiar… Y sí estoy bien, gracias por preguntar y preocuparte por una persona que apenas conoces.

-No yo no te estaba espiando, ayer cuando acabé de cantar necesitaba hablar contigo. Y aquí el único que espía eres tú ¿o te crees que no te vi que estabas viéndome a escondidas mientras cantaba?

-Yo solo estaba observando al nuevo cantante. –respondí entre risas.

-Oye ¿de dónde eres? Yo soy de Candelaria, que es un municipio de Tenerife.

-Yo soy de Madrid.

Pasamos el rato de la comida hablando y yo pensaba que no iba a conectar con él y que sería muy aburrido hablar con él pero estaba muy equivocado.

– Ya se ha hecho tarde y tengo cosas que hacer ¿Qué te parece ir a tomar algo esta noche? Hoy tengo fiesta y yo invito. –dijo David con una sonrisa.

-Vale, a las 22:30 te espero fuera, en la puerta del hotel.

Fuimos a un bar de copas que estaba cerca de la playa y nos pusimos a hablar un poco hasta que yo le pregunté algo que necesitaba saber.

-¿Tienes pareja? Antes de que me tú me preguntes yo no tengo nada. –preguntó David

-No, bueno… Tengo algo pero nada serio. Mejor dicho tenía…

-¿Un amigo especial? Y… ¿cómo que tenías? ¿Qué ha pasado?

-Si… era un amigo especial. -dijo un poco dudoso. Y tenía porque era con la persona que me escuchaste discutir el otro día. ¿Y tú por qué y para qué me preguntas todo esto?

-Para nada, solo por saber. –dijo riéndose.

Fuimos caminando hasta la playa y nos sentamos en la arena.

-Sabes una cosa. Yo también canto es más alguna vez he cantado por la noche haciendo lo mismo que tú. –dijo Víctor poniéndose rojo como un tomate.

-Quiero escucharte, por favor canta algo.

No quiero correr, lo saben mis zapatos. No quiero pedir, lo saben los ingratos. Quiero que aparezcas, quiero verte cerca, quiero merendarte al sol.”

-Cantas muy bien y tienes una voz preciosa, además de que eres una buenísima persona. Sin apenas conocerte te he contado cosas que casi nadie sabe.

-Tú sí que eres bueno. –dijo Víctor mientras me acariciaba la mano y posteriormente darme un beso en la mejilla.

Sin pensarlo dos veces empujé sobre la arena a David y le empecé a hacer cosquillas. De estar riendo sin parar pasamos al más silencio absoluto. Me quedé a unos centímetros del canario viendo como cada vez estaba más nervioso y no solo estaba nervioso también podía notar como su respiración estaba cada vez más agitada.

Tras quedarnos unos segundos en silencio nos sentamos, nos miramos mutuamente a los ojos y sonreímos. David se acercó a mí me acarició la cara mientras que con la otra mano agarró mi mano. De posar su mirada sobre mis ojos pasó a mirar mis labios. Se acercó todavía más a mí y lentamente e inconscientemente cerró sus ojos y me besó. Fue un beso lento pero muy agradable.

-Perdón. –dijo David lamentándose de lo que había hecho.

-No tienes que pedir perdón por algo que deseamos hacer los dos. –dije algo nervioso.

David se lanzó encima de mí y nos besamos de forma intensa. Su mano fue directa a mi nuca mientras acariciaba mi pelo y mi mano fue a su cintura intentando acercarme todavía más a él. De vez en cuando nuestras lenguas luchaban y se saboreaban. Nos tumbamos en la arena y apoyé mi cabeza sobre su pecho, ya era muy tarde pero no nos importaba la hora porque era nuestro momento, estábamos solos, él y yo.

-Ya es muy tarde, y aunque me quedaría toda la vida así contigo, hay que volver al hotel. –dijo David con una gran sonrisa.

-Vámonos, pero cada uno a su habitación que ya es muy tarde y mañana hay que madrugar. –respondí con una sonrisa picarona.

Llegamos al hotel y no sin antes despedirnos con un beso nos fuimos a dormir.

Al día siguiente desperté muy feliz, hacía mucho tiempo que no me sentía así. ¿Me estaba enamorando? No lo sé, pero lo que siento por este chico nunca antes lo había sentido con nadie.

Acabé de trabajar y cuando iba hacia la habitación vi a que a lo lejos venía David, me acerqué a él despacio para que no me viera pero no funcionó porque él me vio y vino corriendo hacia mí.

-Hola pequeño. –dijo David dándome un beso en la mejilla.

-Hola, amor.

– ¿Amor? – dijo David sorprendido.

-¿Vamos a comer fuera a un japonés? Así hablamos más tranquilos.

-Sí, vamos. Además me encanta la comida japonesa.

Salimos del hotel y cuando ya nos estábamos alejando le di un tierno beso. Luego David pasó su brazo por mi cuello dejando caer la mano y yo entrelacé mi mano con la suya.

Llegamos al restaurante y teníamos una conversación variada, hablamos de pelis, series y de música.

NUESTRA HISTORIA

Narra David

Si antes no podía dejar de pensar en el rubio, desde lo que ocurrió ayer por la noche no puedo sacármelo de la cabeza. Creo que me estaba enamorando, nunca antes había sentido esto por un chico.

Llegó la noche, es decir, llegó la hora de cantar y disfrutar de mi trabajo. Acabé de cantar y como suele pasar en estos sitios la gente apenas me prestó atención a pesar de todo fue una noche muy agradable además de que entre el público estaba Víctor y eso me hacía un poco más feliz.

Víctor y yo nos fuimos hacía mi habitación para poder hablar más tranquilos.

-Mi amor vas a llegar muy lejos, tienes una voz increíblemente maravillosa además eres pura magia y un ser de luz. Y no solo eso, también eres guapísimo. Hoy has estado increíble. –dijo Víctor con una enorme sonrisa.

-Sí, bueno… -dije agachando la cabeza.

-Ey, ya va siendo hora de que te lo creas. David eres guapísimo y tienes muchísimo talento. Confía más en ti. –dijo Víctor poniendo su mano en mi barbilla y levantándome la cabeza. –Y por favor no llores. –dijo Víctor antes de darme un beso en la frente.

-Gracias. Gracias por aparecer en mi vida y por creer en mí. Estas cosas se las cuento a muy pocas personas, solo a las personas que confío en ellas y yo confío en ti. Ojalá esto no se acabe nunca, porque nunca había sido tan feliz. – dijo Víctor con una sonrisa nerviosa. Víctor me agarró la mano y se acercó a mí.

-Yo tampoco había sido nunca tan feliz.

Nos tumbamos en la cama y Víctor empezó a darme besos, empezó a recorrer mi cara, labios y cuello. Yo abracé a Víctor y así abrazaditos nos quedamos dormidos.

Desperté temprano por la mañana y Víctor no estaba a mi lado. Me vestí, salí al pasillo y vi salir a Víctor de su habitación con una maleta.

-David, ¿podemos hablar? Tengo que contarte una cosa.

-No me asustes, ¿qué pasa?

-Tranquilo no es nada malo, solo es que me tengo que ir unos tres días a Madrid porque operan a mi hermano.

– Me habías asustado. Pensaba que me abandonabas. Que vaya todo muy bien. –dije antes de darle un beso.

Pasaron los días y Víctor volvió de Madrid. Yo no lo ví llegar ya que estaba en uno de los bares del hotel. Entonces Víctor se me acercó por la espalda y me dijo:

-¿Te parece bonito que me vaya unos días y te pongas a tontear con la gente? –dijo Víctor muy enfado.

-Perdona… no sé quién eres. Yo soy Marta, la camarera, y te puedo asegurar que David no está tonteando con nadie. Solo está hablando conmigo. –dijo Marta para intentar calmar a Víctor.

-Amor, lo que dice Marta es verdad. Además nos acabamos de conocer. Yo no he hecho nada de lo que piensas. Yo te quiero a ti y a nadie más. Y tu hermano ¿qué tal?

-David, perdón. He sido un imbécil al pensar que me estabas engañando. Y mi hermano bien, gracias por preguntar.

Víctor y yo juntamos nuestras frentes, cerramos los ojos y al unísono dijimos: Te quiero.

-Que bonitos que sois. –dijo Marta.

Narra Víctor

Entramos a la habitación de David y nos tumbamos en la cama, puse mi brazo sobre su pecho y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo aunque también pude notar como su corazón latía con rapidez.

-Nunca me imaginé que me pasara esto.

¿Esto? ¿Qué es esto? –dijo David sorprendido.

-Esto, nuestra historia. Es la típica de verano de la que te enamoras de alguien y en unos meses acabará porque nuestras vidas se separarán. Tú volverás a Tenerife y yo a Madrid.

-No, eso no va ocurrir porque esto es el destino. El destino ha decidido que nuestras vidas estén juntas siempre y nunca nos vamos a separar porque tengo millones de razones para quererte y ninguna para irme. Y siempre estaré ahí.

Nos giramos cara a cara y nos miramos a los ojos como cada vez que conectábamos, y sonreímos, estábamos solos, él y yo. David se mordió los labios, me cogió de la nuca y me besó.

-Víctor gracias, gracias por aparecer en mi vida. –dijo David con una sonrisa y a la vez lágrimas en los ojos.

-Te quiero mucho, bebé

-Y yo a ti. –dije a la vez que le abrazaba.

FINAL

Narra David

Le agarré del culo y me acerqué a él, le agarré por el cuello y sentí como su mano también se posaba sobre mi cuello. Recorrí con mi mirada su cara, de estar mirando sus labios pasé a mirar sus labios entonces cerré los ojos y le besé.

Sin pensárselo me lanzó a la cama y me agarró de las muñecas para que no me escapara a la vez que entrelazábamos nuestros dedos. Se acercó a mí y rozando mis labios me dijo: te quiero…

-David, David despierta. Te has quedado dormido y vas a llegar tarde al trabajo. –dijo mi hermana susurrando pero a la vez un poco nerviosa.

Me había quedado dormido y todo parecía tan real y tan perfecto pero no, todo era un sueño, yo seguía en mi pueblo luchando por mi sueño que es cantar.