Capa de purpurina y el marketing

 Mis haikus eran basura,
aprendí algunas cosas del porno,
estuvimos enganchados
a algunas drogas
y era como cruzar el Atlántico
en media hora
y volver del futuro.

Tengo un miedo que no conozco por su nombre de pila
-no tiene tics, ni cara,
ni síntomas,
tampoco me ha amenazado de muerte-,
los mejores de los nuestros
ya no son buenos en nada,
ni si quiera en lo que se les daba bien,
me pagaron menos de seis euros la hora
durante un año
y daba igual,
me miro por las mañanas
y me da igual,
querría haber nadado
en dos o tres millones de euros,
pero ahora ya no importa,

le he dado un beso a un muerto
y lo único que recuerdo
es el frío.

Ahora estoy deconstruyéndome
y todo yo soy una sucesión de cadáveres
puestos en fila:

no hay tiempo
para la capa de purpurina
y el marketing.