Instrucciones para tragar pan duro

Hago cálculos sobre los huesos cotidianos
-que a la ropa recién lavada
no la toque la lluvia,
que los pies no se salgan de las sábanas
o que el arroz no se pegue-
pero casi todos ellos terminan
en un silencio indiferente y un salmo
acompañado por el ruido del motor de la nevera.

Da igual si el cálculo se rompe
porque así lo ha llorado una virgen
o porque yo estaba
persiguiendo el trazado de una renuncia voluntaria a cualquier cosa,
no todo funciona
mediante un procedimiento de trámite de urgencia:

eso ya lo sabíamos antes de la escarcha
y los cafés a las siete menos cuarto,
pero lo olvidamos conscientemente,
como el idioma -como este idioma-.

He hecho otros cálculos:

“Instrucciones para tragar pan duro:
a) Disposiciones generales:
1. Los huesos límpiatelos en silencio -apretando suavemente con una tela empapada en agüita clara y aceite-
2. De la voz vas a olvidarte pronto
3. El tacto y el gusto van seguidos
4. El olor se queda en el cuello de las camisas y los vestidos hasta, al menos, 12 años después
5. Tasa de olvido de imágenes: ½ del total de tiempo, salvo por los insights específicos. Frecuencia de recurrencia: aleatoria, disminución progresiva”

No hay resultado ni resolución para este,

solamente que he visto el amarillo
traspasarse de los dedos
a la piel de la cara
y cuando me miro la mano
intuyo una voz.