Excusa de un epitafio

Hay dos perros negros 
y tres llaves,
mil ciento once tragos
y solo un hilo de humo,
tiro de él
y él se enreda en los dedos
aposta,
intuyo que algo no va bien
porque delante se ha desenchufado un camión
de la basura
y los buitres viven allí ahora,
azotando una niebla dispersa

Hacia allá repta el hilillo de humo,
en hilera entre los brazos y las lenguas
Infectadas,
serpenteando hasta aquel espejismo
despierto,
tumbado en un banco
a plena luz del día

Una hoja de periódico encima del pelo
y la tinta que corre hasta hacer añicos
las transparentes y dilatadas corneas,
películas inflamables
rasgadas,
en su juventud los muertos envejecen al revés