Árboles a medianoche

Y camino, como sabiendo hacia dónde. Pero realmente no lo sé.
Hoy ha salido el sol y vi demasiada alegría, y no sé si me alegra o me hunde… Lo que sí sé es que duele.
Pasan las horas, pasan los días y observo los árboles. Renacen. Renacen de verdad en un verde inocente, casi que inspira, mientras gotea vida y me dice que viva, que viva con sus ramas y me olvide del otoño.
Y en este tiempo presente sigue viviendo el tiempo pasado, e intento descifrar sus colores mientras acaricio los recuerdos con cariño. Observé las aguas oscuras, y las luces artificiales que hacen un paisaje precioso, y me pregunté hasta dónde llegaré. Y ahora ya lo tengo claro…
Hoy ha hecho frío, como siempre, y cuando estuviste también hizo frío… Pero amé ese frío porque estabas tú para vivirlo conmigo.
Mis entrañas nievan sobre mí, sepultándome bajo la angustia de olvidar. El miedo de que me olvides, el miedo de que olvidemos. El miedo que crece en mí cada vez que me recuerdo que el olvido es inevitable… Y lo es.
Las ramas siguen bailando con el viento, y sé que debería seguir caminando, que el tiempo pasa, y que las personas pasan. Pero nunca te fuiste del todo. A veces te encuentro bailando entre cuerdas y sólo quiero que te quedes.
El invierno se pierde, y yo con él, mientras el resto de la humanidad se queja del frío…
Cuento los días, y no sé por qué cuento… Ya no espero nada, y sigo observando, sabiendo que por mucho que recuerde, por mucho que escriba, no regresas.
¿Por qué? Porque eres demasiado inteligente como para devolver las hojas caídas a sus ramas… Tú esperas a que crezcan otras, y que la primavera llegue…
Y volverá el frío, y volverá a estar mi cuerpo desnudo de tus brazos. Realmente nadie lo entiende, y yo lo entiendo menos… Sólo escribo rogándole a la luna que me deje vivir una noche más, no le pido nada, sé que estás bajo el mismo firmamento. No sé si lejos, no sé si cerca, pero sé que sigues observando la vida de estos árboles admirables, que se desnudan y vuelven a renacer de un esqueleto irrompible.
Y camino, y sé que mañana saldrá el sol. Y mientras, sigo buscando tus manos a oscuras, mientras escucho la lluvia caer sobre nuestros tejados, y deseo, por última vez, reírme contigo.