El viaje que no fue

Era una tranquila mañana de primavera cuando me desperté. Sentía la fresca brisa primaveral que entraba por mi ventana abierta. Aunque era un viernes por la mañana y tenía que ir al instituto, no me importaba, esa tarde iba a pasar las vacaciones de mi vida en Holanda. Mi hermano se había ido de intercambio y había decidido quedarse allí a estudiar. Yo llevaba dos meses esperando este día y por fin había llegado.

Apenas íbamos a pasar un fin de semana y mis padres ya habían preparado un horario con las horas y los lugares que íbamos a visitar. Mis amigas llevaban toda la semana recordándome que les trajera un bombón y que les mandara fotos de todos los lugares que visitaba y no se les olvido volvérmelo a recordar cuando entré en el instituto. Todas las clases fueron igual de aburridas que las de todos los días, solo había una excepción. Un agente de policía nos vino a dar una charla de riesgos en internet y no tuvimos clase, ni de música, ni de biología.

Cuando salí del instituto, para mi sorpresa, mis padres habían venido a recogerme, pero no parecía que tuvieran la cara de felicidad de cuando te vas a Holanda. En cuanto llegue frente a ellos les pregunte lo que había pasado, mi madre empezó a llorar y mientras calmaba a mi madre mi padre me empezó a contar lo que había pasado. Mi abuelo había enfermado gravemente y lógicamente no podíamos ir de viaje, ya habían informado a mi hermano y lo había comprendido.

Fuimos al hospital y mi madre no me dejo entrar, me dijo que era por mi propio bien, mi abuelo daba mucha impresión, estaba lleno de cables. Mientras esperaba a mis padres en la sala de espera, vi una figura de un joven a quien yo conocía muy bien, era alto y delgado, tenía una cabellera pelirroja y los grandes mofletes inundados de pecas, vestía con uniforme azul marino y unos zapatos negros. Era mi hermano. Me abalancé sobre él y le di un fuerte abrazo. Le pregunte que qué hacía aquí, tenía que estudiar, se acercaba la época de exámenes. Él me dijo que su escuela había cerrado, no estaba construida legalmente. cuando mis padres vieron a mi hermano se alegraron muchísimo.

Con el paso del tiempo mi abuelo se recuperó y aunque no fuimos a Holanda, lo que más queríamos ver de allí, no era ni un museo ni un parque, era mi hermano y él estaba aquí con nosotros.