Érase una vez

¿Y por qué?, ¿Por qué tiene que venir el príncipe azul a salvarme?
No me puedo valer por mí misma, ¿no?
Claro, ya se da por hecho que con su llegada mi vida es mejor y que tengo que ser la niña más feliz del mundo. Pues no, ya dirijo yo el guión de mi vida, gracias. Así, que si tú quieres leer el típico cuento Disney donde la frágil e indefensa princesita es salvada por el guapo y fuerte príncipe azul ya puedes dejar de leer, porque aquí eso no va a pasar.

Ahí estaba dormida bajo el conjuro de la malvada bruja, cuando sintió esos suaves pero a la vez firmes labios, que posaron un dulce beso como el chocolate sobre sus labios.
-¿Habrá funcionado?, preguntó un enanito.
-¡Mirar, mirar!¡Está abriendo los ojos!, exclamó otro.
-¡Síííí! celebraron todos.
Pues había sido el príncipe azul quien la había besado.
Oh, qué bonito, pensaréis. El amor verdadero del príncipe la ha despertado, seguro que fueron muy felices y que Blancanineves se lo agradeció, cuando le cogió entre sus brazos, dijo adiós y se la llevó. Perdón, ¿agradecida de qué?, de que me haya besado estando dormida o de que se me llevara delante de todos sin que nadie dijera nada.

¿Qué creíais que por el mero hecho de ser un príncipe iba a caer rendida a sus pies?, y si luego resulta que es un engreído, o una mala persona, aparte de irrespetuoso como ya ha demostrado besándome estando dormida, ¡ni siquier nos conocíamos!
Así, que no os creáis que la vida real es como la de los cuentos, de príncipes y princesas, porque no puedes saber si un libro es bueno sólo por su portada.

Blancanieves.