Una chica en acuarelas

“¿Me oyes?” No. No tenía orejas. Las dibujé y repetí: “¿Me oyes?”
Era de noche y papá y mamá estaban durmiendo. No quería despertarlos. Comencé a dibujar su ropa. Antes era un hombre palo; ahora, un pintor. Porque las personas pueden cambiar con ayuda de los demás. El cuadro del pintor estaba colgado en la pared, con los demás dibujos. Hablaba de vez en cuando con el pastor, pero el viejo del monte me dijo que aquel nuevo artista le parecía una persona interesante. El pintor era mi favorito. Me recordaba a alguien. Hace poco me pidió que dibujara a alguien más en su cuadro. La dibujé en acuarelas, no como a los demás. Retraté a mi persona favorita. Ya que no podía estar conmigo, por lo menos que esté junto a él.