PROBLEMAS DE HIGIENE

Una ducha debe, según la OMS, «limitarse a 5 minutos», tiempo suficiente para lavarse y escuchar algo menos de dos canciones —con una duración media de tres minutos y medio.

Mis duchas, sin embargo, duran el doble de lo indicado, tiempo suficiente para lavarme, escuchar algo menos de tres canciones, arrepentirme del 80% de las cosas que he hecho en los últimos siete años y, en el mejor de los casos, pensar qué haría si ganase la lotería. La elección no dependería de la cuantía, sino del número que resultara premiado: si sale el 27591, me compro un coche; si sale el 27592, me compro una moto, y así sucesivamente, incluyendo barcos, aviones, helicópteros y demás trampas mortales.

Toda ducha conlleva, por tanto, un esfuerzo mental hercúleo y un arrepentimiento entre San Pedro y Judas, y ante semejante situación he preferido dejar de ducharme durante el tiempo conveniente, convirtiendo la suciedad en una forma de limpieza.

Una vez abolidas las duchas, queda preguntarse qué hacer con el tiempo ganado y con todos los demás momentos del día en que uno puede caer en el vicio de pensar demasiado. Hacer deporte, cocinar, leer libros —a poder ser de fácil lectura— o ver series son las alternativas más asequibles para alcanzar la tranquilidad deseada y afrontar la necesaria vuelta al día a día como un hombre puro, sucio y ocupado.