CUANDO VOLVAMOS

Todo sigue en su sitio,
el charco espera ansioso ser saltado,
el beso de portal deseando ser robado,
la arena que quiere ser castillo,
la sal que en agosto siempre moja tus tobillos.

El verano aguarda su turno, cautivo,
los bares estancados entre puntos suspensivos,
los vasos de horchata que huelen a canela,
las copas de vino sedientas de brindis y velas.

Todo sigue en su sitio,
pero cuando volvamos,
todo será distinto.

Las pupilas dilatadas,
los nervios temblando,
la piel de gallina,
las ganas de no soltarnos,
los gritos de alegría al encontrarnos.

El nudo en el estómago al subir al avión,
los viernes por la noche y los domingos al sol,
la espalda donde erizar la piel,
el hombro donde llorar de ilusión.

Todo sigue en su sitio,
pero cuando volvamos,
nada habrá cambiado
y todo será distinto.

No será el momento de poner el contador a cero,
tendremos que seguir construyendo,
seguir viviendo,
seguir lanzándonos al vacío para rozar el suelo,
y volar hasta por fin tocar el cielo.