Estancada en un cruce de cruces,
desde el otro lado hago señales
para dejarles pasar;
yo aquí les aguardo en un rincón.

Me animan a saltar sobre los bólidos,
pero me quedo muy quieta, aterrada,
en la orilla de asfalto y piedra;
el barullo nunca fue para mí.

Presa de mi propia flecha,
sin siquiera portar un arco,
me pregunto si es culpa mía;
ese dolor no existe por ahí

Cientos de miles cruzan en ámbar,
llegan a la línea de meta, se abrazan,
brincan, ríen, se reencuentran;
¿quedará algo si permanezco aquí?

Salto y me crecen alas,
confío en que funcionará…
Mas el viento siempre fue en mi contra,
me devuelve a donde siempre pertenecí

Brota sangre, se derrama en las aceras.
Quienes cruzaron una vez se olvidaron
que su línea de salida, en algún momento,
estaba situada donde yace este colibrí

En medio del gentío, sola, se iluminan:
pasión, por las cosas amadas.
Oro, calma, ausencia temperamental.
Esperanza, que siempre brilló.

Parada, en un cruce de cruces, despierto;
ese camino no lleva mi nombre.
Me pertenecen los castillos en el aire.
Estas alas me llevarán allí.