Cuando pasó por mi lado, supe perfectamente lo que iba a pasar. 

Hacía dos semanas que ya no me sentía muy cómoda en mi apartamento. Desde que mi compañero de piso se mudó a Los Ángeles me sentía más sola que nunca, tenía miedo al silencio que, ahora, dominaba todo entre esas cuatro paredes. Por suerte o por desgracia, hubo un día que no todo fue silencio. Dos martes atrás, alrededor de las tres de la madrugada, pude oír a Luke, el conserje, gritando a un señor que había intentado colarse en el edificio. Nuestro bloque era uno de los mejores de la zona. Desde que nací siempre conté con todas las comodidades posibles. Mis padres eran dos ricos empresarios con sedes de su empresa por cualquier ciudad del mundo que os podáis imaginar, y como estaba claro querían lo mejor para su hija. Mi vida estaba llena de lujos: iba a la mejor universidad de la ciudad, tenía el mejor coche, la mejor ropa y me codeaba con personas que me abrirían las puertas a un mejor futuro. Mis padres siempre me habían tratado bien, me dejaban tomar mis decisiones y no me presionaban demasiado. Desde que nací había vivido en San Francisco, hasta que hace un año empecé la universidad y me mude a Nueva York. Como iba diciendo, esa noche Luke tuvo una pequeña discusión con aquel señor que pretendía colarse en el lujoso edificio del Apper East Side en el que vivía.

Mi antiguo compañero era uno de los mejores amigos que tenía en la ciudad. Íbamos a diferentes clases pero solíamos salir de fiesta o a dar algún paseo juntos. Hacía poco le habían dado un papel de protagonista en una gran película, ser actor siempre fue su sueño así que no dudo en coger el trabajo. Normalmente nos llamábamos para ponernos al día, hablar de nuestras vidas, etc. Yo ya había asimilado que iba a tener que vivir sola porque la familia de Aarón, mi excompañero, estaba llevando la empresa familiar a la banca rota; pero no me esperaba tener que vivir a kilómetros de él.

Esas dos semanas pasaron tranquilas, sin altercados, si no contamos la mini pelea que tuvo Luke. Uno de esos días, estaba sentada en la cafetería de la universidad y vi como un chico muy mono se me acercaba. Hablamos durante unas horas y planeamos vernos al día siguiente. Él, no había sido muy discreto en cuanto a sus intenciones de ligar conmigo, pero la verdad es que tampoco me importaba. Cuando vienes de una familia con dinero estas acostumbrada a que todo el mundo tenga intenciones superficiales contigo, pero en la universidad nadie sabía de donde venía así que no importaba que las personas tontearan conmigo por algo que no fuera mi cuenta bancaria, o más bien la de mis padres.

El jueves, el chico de la cafetería me invito a una fiesta que daba un amigo suyo al día siguiente. No tenía pensado ir, pero cuando le conté mis planes a Anna, mi amiga del colegio que también iba conmigo a la universidad, me dijo que era tonta por siquiera pensármelo. Se ofreció a venir conmigo también, pero le dije que no hacía falta, total solo sería una fiesta más en mi vida, que más daría. Al siguiente día fui a clase, comí en mi apartamento e hice las cosas que hacía normalmente. Por la tarde, hacia las ocho y media, me di cuenta de que me quedaba media hora para que Jake, el de la cafetería, me pasara a recoger. Me dispuse a arreglarme, me puse un vestido no muy corto de color negro. La prenda era de tirantes así que me puse una cazadora de cuero por encima para no pasar mucho frío. En los pies me puse unas sandalias sin demasiada plataforma y me hice una coleta alta. Me maquille con poco de rímel y colorete y salí al vestíbulo a esperar a mi acompañante. Al bajar, Luke me miro con cara de pocos amigos, pero no le di importancia puesto que siempre me miraba así. En la puerta, estaba Jake esperándome. Se había puesto una camiseta de manga corta y unos vaqueros. Su pelo rubio estaba despeinado y sus ojos marrones me recorrieron el cuerpo de una manera que me hizo sentir mariposas. Estaba bastante guapo. Salimos a la calle y me abrió la puerta del copiloto de su Range Rover negro. Entre y nos dirigimos hacia el ático en el que se daría la fiesta. No cruzamos muchas palabras durante el camino, pero el silencio no era incomodo por primera vez desde hacía ya mucho tiempo. Al llegar a la fiesta me presentó a sus amigos. Todos eran muy majos, sobre todo una tal April que estaba saliendo con el mejor amigo de Jake. En un momento de la fiesta tuve que ir al baño, hacia un rato ya que no veía a Jake, pero no me preocupaba. Al entrar al baño, alguien entro detrás de mí. Era Jake, no iba muy borracho, pero empecé a asustarme un poco cuando de repente pego un puñetazo al espejo y este se rompió en mil pedazos.

Cuando pasó por mi lado, supe perfectamente lo que iba a pasar. No me preguntéis porque pero lo vi con claridad. Jake se quitó el cinturón y me lo puso alrededor del cuello. Me aprisionó contra la pared. Estaba a punto de perder el conocimiento, cuando de repente oí aquella voz. La voz de Aarón. Vi como estaba a punto de pegarle un puñetazo a Jake. Pero cuando menos me lo esperaba su puño estaba lleno de sangre que brotaba de mi pómulo. Lo siguiente que recuerdo es que me levante en una cama del hospital. Mi mejor amigo y el chico que había empezado a gustarme me habían secuestrado y seguramente me habían hecho muchas cosas más que no recuerdo por culpa de la droga que según los médicos, ellos me habían suministrado. Jake y Aarón habían pedido un rescate de tres millones de euros. Mis padres lo pagaron sin dudarlo y mis secuestradores me dejaron en la puerta de un hospital. Estaba muy débil, tenía moratones y sangre por todo el cuerpo. Poco a poco me estaba muriendo. Lo siguiente no lo recuerdo muy bien. Vi como los médicos les daban la noticia de mi muerte a mis padres. Ellos rompieron en un llanto que nunca podre borrar de mi cabeza. Pero no sé si eso importa mucho ahora que estoy muerta.