Me miraba fijamente y yo era incapaz de apartar la mirada.
Un continuo duelo de azar , de pupilas expectantes y miradas temerarias.
Una lotería de la que sabía que ella era la ganadora.
Un haz de luz cegador que afrontaba una larga eternidad.
Un profundo letargo de silencio, sin huida y sumiso.
Recordé entonces todo lo pasado, lo vivido y caminé seguro aunque sin
ansias hacia donde ella se encontraba.
Miraba desafiante apostada en su trono fingiendo una supuesta valentía, me
adentré hacia donde se sentaba.
Fue ahí cuando me percaté de la fugacidad de una vida ya pasada, pues ella
me la había arrebatado.