La pequeña siempre veía barcos de nubes
navegando en el cielo.

Sonreía cuando alzaban las velas
y se ponía triste cuando naufragaban.

La pequeña no sabía que los barcos
pertenecían al mar y no al cielo.

Su mamá le dijo que la llevaría al puerto,
para poder ver los barcos de verdad:
los barcos grandes de los señores ricos
y los barcos humildes de los pescadores.

Pero la pequeña dijo que prefería seguir viéndolos
desde el sofá y frente a la ventana,
porque en esos barcos no había desigualdades
y todos flotaban al compás de los pájaros