Samantha Mackenzie y Eric Fischer compartían anillo, dormitorio y un extraño gusto por
molestar en internet a personas de ideología contraria a la suya. Cada uno pensaba de una
manera distinta: eran un par de trolls de humor ácido y corrosivo, que estaban tumbados
en la cama de matrimonio y qué, en vez de leer novelas o ver series como los matrimonios
de los años setenta, usaban su escaso tiempo libre fuera del bufete de abogados en
convencer a gente virtual para unirse a sus múltiples causas.
Y todo lo hacían a través del teléfono móvil.
Samantha giró el cuello hacia la izquierda. Sin embargo, no distinguió nada dentro de la
pantalla de Eric.
-¿Qué lees, cariño?
-Las noticias. CR7 se va del Madrid y el Liverpool está armando un proyecto temibleEric levantó las cejas, como si dejar de revisar las redes sociales le supusiera un problema-
. ¿Tú?
-Nada, busco recetas deliciosas. Este fin de semana las preparé.
-Fantástico, amor.
-Sigue con tus deportes, cariño.
Más tarde Eric preguntó a Samantha si apagaban la luz. Ella cerró los ojos y pensó que
Brownie84, su alter ego en Twitter, era un estúpido que saltaba a la vista que no había
terminado la educación básica. Como decía su padre: “El comunismo solo triunfa en
países como Cuba, Rusia y Corea del Norte y en ninguno de ellos hay universidades como
las de la Ivy League”. China había abandonado la costumbre de pegarse tiros en los pies
en los años noventa, y de entre todos los países del mundo, Samantha Mackenzie amaba
al gigante asiático, porque allí los sueños capitalistas eran posibles. Sin embargo, Eric
Fischer abrazó la almohada y se dijo que Bubble20, su enemigo acérrimo en los foros,
seguro que salía a la calle a pedir la eliminación del aborto libre. O peor: pensaba que la
privatización de la sanidad salvaría el sistema de salud; sin valorar las consecuencias
reales de ello, como que la gente de menor cuantía económica –Eric nunca usaba la
palabra pobre- dejaría de estar sana y de acudir al médico por no poder comprar lo que
antes era un derecho y, en el supuesto de Bubble20, un servicio.
-Buenas noches, Samantha.
-Buenas noches, Eric.


Gómez, nombre en clave del agente de seguimiento del CNI encargado de monitorear a
cibervoluntarios en la red, dio las buenas noches al matrimonio Mackenzie-Fischer
cuando los terminales de ambos dejaron de dar señales de uso.
El analista de datos levantó la cabeza de las cuatro pantallas de su escritorio y descansó
los ojos mirando al fondo de la gran oficina llena de cientos de cubículos idénticos al
suyo. Había tanta gente peligrosa en internet, que sorprendía que la Comandancia le
hubiera asignado vigilar las evoluciones en tiempo real de Eric y Samantha. Aunque en
su opinión, los Mackenzie-Fischer eran inofensivos. Gómez conocía más sobre Eric de lo
que mostraba a Samantha. Y de Samantha más de lo que contaba a Eric. A veces a Gómez
le gustaba pensar que era uno de esos niños que la pareja no había podido tener y que los
espiaba desde el pasillo, poniendo oreja a través de la puerta. Samantha había padecido cáncer en las trompas de Falopio y Eric como consecuencia se dijo que si su esposa no
contaba con la capacidad biológica de engendrar bebés, él tampoco lo necesitaba y se
adjudicó una vasectomía.
Los Mackenzie-Fischer eran tan cariñosos y divertidos en su día a día que daban miedo,
pero Gómez no estaba dentro de sus dispositivos electrónicos para juzgar su relación de
pareja. Sonrió al pensar que si Samantha y Eric hablasen de política tan solo una vez, su
matrimonio se iría a pique.


Bubble20 despertó a las siete menos cinco y lo primero que hizo fue ir al perfil de
Brownie84. No había escrito nada durante la noche; era tan perezoso que no se molestaba
en iniciar la guerra temprano antes que ella, lo que significaba que o tenía un trabajo
cómodo o sencillamente Brownie84 era un recibe subvenciones con mucho tiempo libre.
Samantha encendió la radio del cuarto de baño y escuchó las primeras noticias, después
pasó a la cocina y oyó otra cadena de corte más conservador. Cuando llegó al bufete se
encerró en el despacho y puso el programa de onda media con los colaboradores más
extremos de la oferta radiofónica; gente que no se cortaba un pelo en poner los puntos
sobre las íes al gobierno formado por socialdemócratas de la vieja escuela del paro y de
la crisis económica.
Su secretaria le llevó documentos de un caso importante para que los firmase. Y mientras
lo hacía, Samantha se quedó perpleja atendiendo a la vez a las palabras del tertuliano que
cada miércoles hablaba sobre ciberseguridad:
“Y ahora una anécdota divertida que nos ha hecho llegar Rufus45, un tuitero que dice
ser un gran fan del programa”, mencionó el colaborador. “¿Como de rocambolesca es
su aportación?” preguntó el locutor principal, un hombre de voz grave con un sentido
del humor mordaz y labia sencilla.
“Verás, nos cuenta que conoce a una pareja que ha descubierto que son alter-egos en
la red. Mientras que en persona son súper amables entre ellos, en Facebook se dicen
cosas terribles”. Samantha imaginó al locutor abriendo mucho los ojos. “¿Y cómo se
enteraron?”. El colaborador contestó: “Por casualidad el chico se dejó el teléfono en el
cuarto de baño, sin contraseña, y su pareja le echó un vistazo y flipó con las barbaridades
que escribía en un grupo dónde ella también estaba metida”.
“¿De qué trataba el asunto”.
“Pues esto es lo más gracioso: sobre mascotas”.
“¡Qué me dices! ¡Guau!”.
“El chico iba en el bando de los perros y ella peleaba por los gatos. Te puedes imaginar
la que se armó entre los dos, nos termina contando Rufus45 en el mensaje que ha hecho
llegar a la emisora”.
A Samantha le dio miedo que Eric navegase por sitios oscuros cuando estaba tumbado
en la cama a su lado: q lo mejor contaba con un perfil de Twitter privado y le otorgaba
me gustas a gente contraria a lo que ella pensaba. No recordaba nunca haber comentado
con Eric si apoyaba al gobierno o a la oposición. ¿Sería oportuno comenzar una discusión
con él por eso? Se quedó absorta. -¿Tienes algo importante que contarme?-preguntó Eric, imponente con su traje azul y la
corbata verde, cuando entró en el despacho de Samantha cinco minutos después.
Ella pensó que sí, pero al final dijo:
-Nada, le doy vueltas a algo que he oído en la radio; sin importancia, la verdad.
-¿Has firmado los papeles de KRAW?
Se dio cuenta de que los documentos estaban en su mesa.
-Estoy en ello-fue garabateando las hojas con la pluma. Recompuso el montón de
papeles cuando la tinta estuvo seca y se los pasó a Eric por encima del escritorio-. Que te
vaya genial en el juzgado. ¿Cuánto calculas que vas a sacar?
-Mínimo diez millones. Máximo, lo que quiera el juez. Y un veinte por ciento en
comisión. Suena fantástico, lo sé-Eric tenía una forma de sonreír que a Samantha le
parecía irresistible. Pero, ¿qué habría realmente detrás de su dentadura perfecta?
-Genial. Por cierto, ¿a qué hora has salido hoy de la cama?
-A las ocho y cuarto-Eric puso cara de asombro-. Como siempre, vamos.
-Nada, pensé que habías madrugado.
-Qué va.
-¡Suerte!-le deseó. Sin embargo, Samantha decidió investigar a fondo si lo que decía su
marido era cierto. Sus horarios coincidían demasiado con los de Brownie84.


El agente de ciberseguridad, nombre en clave Gómez, había desarrollado un algoritmo
que hacía saltar avisos en su monitor cuando Samantha o Eric estaban cerca de descubrir
la identidad del otro en internet. Lo hacía escuchando sus conversaciones a través de los
micrófonos de sus teléfonos móviles. Y ahora mismo, el programa señalaba que la
posibilidad de que colisionasen estaba suspendida en un terrible noventa por ciento.
-¡Corcho!-dijo Gómez entre las tres finas paredes de su cubículo: lo hizo en voz baja
para no llamar la atención de los analistas de los cuchitriles contiguos.
¿Qué sucedía? ¿Quién había jugado sucio? No creía en las casualidades. Gómez
monitoreo el teléfono de Samantha y oyó que tenía puesto su programa de radio favorito.
Prestó atención a la charla del locutor y no captó nada impropio, pero su intuición le dijo
que ahí estaba el culpable. Por otra parte, el dispositivo de Eric se hallaba geolocalizado
a medio kilómetro del teléfono de Samantha, en dirección a la corte penal, donde lo
esperaba la sentencia del caso KRAW. La demanda colectiva por verter residuos en un
río y contaminar el agua, de la que habían bebido durante años cientos de habitantes de
las ciudades cercanas a la planta de productos químicos, se había llevado por delante la
vida de treinta personas. La sentencia iba a ser desfavorable para la multinacional
propietaria del lugar y se comentaba entre bambalinas que Eric Fischer iba a llevarse un
buen pellizco al conseguirlo.
Capturó los datos de la emisora de radio del submundo de onda media y retrocedió el
programa favorito de Samantha hasta diez minutos antes. -¡Corcho!-repitió en voz un pelín mayor al oír la anécdota enviada por Rufus45. Era
justo la clase de historia que hacía sospechar a una esposa que su marido podía no ser
quien decía ser. Parecía con especial interés elaborada para calar en la cabeza de
Mackenzie. Gómez dedicó las siguientes tres horas en rastrear el origen de Rufus45 y
descubrió que era un hacker que se dejaba contratar por rufianes con millones de euros
en la cuenta corriente. Como las decisiones sobre la manera de castigar a Rufus45 por sus
delitos informáticos no le competían directamente a él, Gómez pasó un informe a la
Comandancia y así inició un plan para salvar el matrimonio de Bubble20 y Brownie84.

Fischer estrechó la mano del abogado defensor de KRAW y ambos se desearon suerte en
el siguiente caso que tuvieran juntos: había ganado el pleito, pero a Eric no le iba eso de
pavonearse frente a un rival después de vencerlo, al estilo de las series de la BBC y la
CBS.
-Cincuenta millones: nos habéis sacado una buena tajada-dijo el abogado de KRAW.
-¿Esperabais soltar menos?
-Qué va, incluso más. El consejero delegado abrió una cuenta a fondo perdido con
ochenta millones como previsión de pérdidas.
-Excesivo, el caso no vale tanto.
-Bueno, a mí también tendrán que pagarme por defenderlos.
-Eso es cierto. Que tengas un buen día.
Eric salió del juzgado y escribió un mensaje de texto a Samantha con la suma que
ingresaba el bufete Mackenzie & Fischer por el pleito. Podrían irse de vacaciones hoy
mismo y no volver si lo deseaban.
El UBER lo esperaba frente a la corte penal. Eric le indicó al chófer que se dirigiera
hacia el centro de Madrid. Mientras tanto, como era adicto al trabajo, se puso a repasar
varios informes del equipo de abogados que dirigía –quince personas fantásticas recibían
una nómina gracias a la firma Mackenzie & Fischer-, pero al poco le picó la curiosidad
por saber algo sobre las últimas noticias de Bubble20. Y su silencio lo mosqueó: sin
mensajes. Vaya sorpresa, pensó.
El coche lo dejó frente al hotel Hilton. El abogado buscó una mesa reservada y pidió una
copa. Dio un sorbo y alzó la cabeza saboreando la victoria. Entonces fue cuando un
individuo barbudo, regordete y mal peinado ocupó el asiento situado enfrente del suyo.
-Samantha está cerca de descubrir a Brownie84-A Eric le entró un ataque de tos.
-¿Cómo dices que te llamas?
-Soy un desconocido que se preocupa por los Mackenzie-Fischer. Llámame D.
-Vale D, pero convénceme de que no eres un pirado.
-Que haya venido aquí demuestra que estoy de vuestra parte. Por cierto, felicidades por
ganar a KRAW. Cincuenta millones de euros, menuda suma.
-¿Cómo lo sabes?
-Vamos, Eric Fischer, que lo conozco todo sobre vosotros dos. -Estás incomodándome.
-Sueno como un loco, lo sé. Pero soy más listo que cualquiera que escuche nuestra
conversación ahora mismo. Mira el teléfono un momento. Comprueba si funciona-Eric
tomó el aparato que había dejado en la esquina. No se encendió.
-Inhibidor de frecuencia de pequeño alcance-dijo D y mostró un aparato negro a Eric-.
Deja los cacharros fritos mientras está cerca de ellos para proporcionar privacidad. Así
las conversaciones no quedan registradas en las orejas de Google.
-Continúas asustándome.
-Entiendo cómo te sientes, pero esto te pasa por meterte en foros de internet, armar
barullo y no contárselo a Samantha. En ese orden exactamente.
-Llamaré a la policía.
-Cállate Eric: yo soy la policía aquí. Trabajo para un organismo de control de
cibervoluntarios. No puedes sorprenderte por ello-Eric Fischer levantó las cejas-. Cada
gobierno tiene su agencia dedicada al asunto: USA cuenta con la NSA, Francia con la
ELC y China emplea a millones de miembros afines. ¿Entiendes?-Eric dijo que sí con el
mentón-. Solo quiero que empieces a hacer las cosas bien.
Ahora se encogió de hombros.
-¿En la corte penal también eres tan callado? El perfil público que he seguido durante el
último año hablaba sin parar. Y Brownie84 ni te cuento.
-Nunca había pensado que le interesase al gobierno.
-¿Gobierno? No, amigo, al Presidente le importas un comino. Yo hablo del Estado. Es
hora de acercarnos a la cuestión: ¿cuánto amas a Samantha?
-Muchísimo. Llevamos doce años casados.
-Entonces haz exactamente lo que te diga y te salvarás.
-Antes de empezar, cuéntame quien me ha tendido la trampa.
-¿Quién ha hablado de ninguna triquiñuela?
-Lo leo en tus ojos.
D cedió.
-Al CEO de KRAW no le gusta nada perder contra bufetes de rango medio. Cuando se
dio cuenta de que iba a desembolsar dinero por el vertido de residuos tóxicos, decidió
culpabilizarte a ti y contrató a un hacker de la web profunda que se hace llamar Rufus45
para herirte.
-¿Y qué descubrió ese tal Rufus45?
-Si te lo confesara, tu historia de amor se iría por el sumidero, así que es hora de olvidarse
de todo y centrarse en Samantha.
-Bien. ¿Qué tengo que hacer?
Samantha llegó al restaurante del hotel Hilton a las dos en punto y encontró a Eric
esperándola en una mesa con vistas al exterior. Besó a su marido y lo felicitó por la comisión que ingresaría en menos de una semana el bufete. También se fijó en que Eric
dejaba el teléfono sobre la mesa al descuido, sin darle mucha importancia.
Durante el segundo plato, Eric se excusó para ir al baño y Samantha no resistió la
tentación de echarle un vistazo a su historial de navegación.
-Twitter, aquí estás.
Descubrió como se temía que Eric controlaba una cuenta de la que ella no sabía nada.
Le dolió, pero lo dejó pasar. Señor96 –el año en que Raúl debutó con el Real Madrid en
un partido en Zaragoza- había escrito cuatro mensajes en los últimos dos meses. Y ni uno
de ellos decía nada trascendente ni elocuente. Menuda pérdida de tiempo. Memorizó el
usuario de Eric y se lo apuntó para bloquearlo por soso. Luego echó otra ojeada al historial
general y vio cosas, como páginas de información, noticias deportivas y entradas furtivas
a Netflix. Con un suspiro, Samantha dejó el móvil de Eric en la mesa y lo esperó para
terminar de comer.
En los postres, en una conversación bastante animada, Samantha dijo:
-¿Sabes que he oído en la radio esta mañana? La historia de una pareja que descubre por
casualidad que son enemigos en un grupo de discusión de Facebook sobre perros y gatos.
¿Te lo puedes creer?
-¿De verdad? ¡Qué hilarante!
-Sí, y al parecer, se divorciaron.
Eric se dijo que a ellos nunca les pasaría porque a él lo que realmente le gustaba era
discutir con gente en los juzgados. Samantha tuvo que creerlo, pero desde ese momento,
la actividad de Bubble20 fue a menos.

Gómez entró en una habitación sin ventanas dos meses después de salvar el matrimonio
de los Mackenzie-Fischer: continuaba mandando informes sobre Bubble20 y Brownie84
regularmente a la Comandancia, en los que apuntaba que eran gente de clase medio-alta
sin más intención en la web que la de pasar un rato agradable. En las notas sobre
Brownie84 no había mencionado su repentino bajón de actividad en foros y otros sitios
por el estilo. Ni tampoco que su historial de navegación había sido modificado por
completo el día que Bubble20 casi dio con él.
Al parecer, todo seguía una rutina normal entre ellos y pronto Gómez pasaría a centrar
su atención en otros individuos que necesitaban mayor grado de monitorización.
Pero por el momento, saludó con la mano al hombre esposado a la silla de la sala de
interrogatorios.
-Amigo Rufus45: aceptar el trabajo de KRAW fue un terrible error.
-¿Y quién dice eso?
Gómez rio como hacen los malos en las películas cuando entienden que nadie los va a
frenar.
-Guardian79-dijo.
Y oyó lamentarse a Rufus45.