Informe jurídico que emite el letrado D. ANTONIO BUENOS MARTÍNEZ, colegiado 70.408 del Ilustre Colegio de Abogados de Discusiones Indebidamente Resueltas, director del Centro de Rehabilitación de Discutidores Crónicos, a petición de DOÑA CONCEPCIÓN TORRIJOS PÉREZ, sobre la siguiente cuestión:

Estudio de la ausencia de bienes de primera necesidad en el domicilio de la familia MARTÍNEZ TORRIJOS como detonante de la discusión que se relatará en las páginas posteriores. La documentación aportada se centra en el carácter testimonial de los implicados: D. ANTONIO MARTÍNEZ TORRIJOS y DOÑA CONCEPCIÓN TORRIJOS PÉREZ, padres de D. LEANDRO BUENOS TORRIJOS y DOÑA LEIRE BUENOS TORRIJOS. Asiste también DON EUSEBIO TORRIJOS LAFUENTE, padre a su vez de DOÑA CONCEPCIÓN, como parte neutral no implicada en los acontecimientos.

INFORME

I – ANTECEDENTES

Todas las partes coinciden en señalar la naturaleza reiterativa del incidente, habiendo acontecido situaciones similares en los meses previos. Se acuerda, no obstante, dejar constancia en el presente informe sobre el desacuerdo en los detonantes de los mismos, reservándose los padres y los hijos posturas visiblemente antagónicas.

II – LOS HECHOS

Dada la imposibilidad de la descripción de los hechos de manera objetiva, al ser el redactor del mismo informe parte implicada, se procede a la reconstrucción de los hechos mediante la técnica de Informe Testimonial Forense. Se toma testimonio a D. ANTONIO BUENOS MARTÍNEZ (padre):

“Los hechos tuvieron lugar el pasado martes 23 de marzo de 2021, en torno a las 7:45 de la mañana. Me disponía a acicalarme en el cuarto de aseo principal de la vivienda, de uso compartido por todos los integrantes de la familia. Dado el carácter urgente de mis necesidades matinales – imaginarán que una persona que ostenta mi cargo encuentra en el tiempo su bien más preciado –, no pude cerciorarme de la presencia o ausencia de un útil higiénico de primera necesidad. Para cuando quise disponer de él, el resultado de mis necesidades fisiológicas me impidió desplazarme a cualquier otra estancia del hogar. Supe que me encontraba a merced de la buena acción de mis semejantes. En cuestión de segundos, recurrí al habla para indicar al resto de los implicados que suplieran la carencia. Para mi asombro, lejos de aportar solución a mi problema, el pasillo de la vivienda fue el escenario de la discusión más ardua vivida en el seno de la familia.”

Se procede, por interrupción en la ronda de toma de testimonios, a tomar nota de lo declarado por D. LEANDRO BUENOS TORRIJOS (hijo):

“Es que me parece alucinante, papá. Es que en qué cabeza cabe. Tan experto en resolución de conflictos y nosequé, pero aquí estamos. Delante de tus amigos trajeados porque te pillaste un cabreo monumental, ¡y todo porque no había papel higiénico! ¿Qué pasa, que te da cosa decirlo en el trabajo? ¡PA-PEL-DE-VÁ-TER!”

Nuevamente por interrupción, se toma nota de lo declarado por DOÑA CONCEPCIÓN TORRIJOS PÉREZ (madre):

“Leandro por favor, que lo hemos hablado antes… un poco de compostura, dulcifica. A ver, ya sabéis que papá por las mañanas va muy ajetreado. Es normal que se disgustara. Además, sabéis perfectamente que no fue porque no hubieseis repuesto el rollo de papel. Uno de vosotros dos lo acabó antes, eso es un hecho. Lo que le molestó es que no hubieseis puesto en la lista de la compra de la nevera que había que comprar más papel. Es que lo tenemos hablado miles de veces, que ya tenéis una edad…”

Le sigue por interrupción DOÑA LEIRE BUENOS TORRIJOS (hija):

“Es un hecho, es un hecho… ¿el qué es un hecho? Si tú también fuiste al baño antes, mamá, que te vi. ¿Cómo sabemos que no acabaste tú el papel? ¿Y por qué tenemos que apuntar solo nosotros que se acaba el papel? ¿No es un baño de uso de toda la casa?”

Por alusión, se toma nota a DOÑA CONCEPCIÓN TORRIJOS PÉREZ (madre):

“Leire, que no tienes razón. Yo fui al baño antes, pero para maquillarme y punto. Y sí, os pedimos hace ya meses que os fuerais encargando de estas cosas porque ya no tenéis diez años. Que ya sois mayorcitos, pero solo para lo que os interesa. Tanto vuestro padre como yo tenemos muchas cosas que hacer, llevamos años encargándonos de todo en la casa. Yo diría que no es tanto pedir, es delegar un poco las responsabilidades del hogar… pero a ver, volviendo al tema, ¿quién de los dos fue al baño antes que papá?”

El aludido D. LEANDRO BUENOS TORRIJOS (hijo) declara:

“Que no lo vas a conseguir, mamá. Que quieres meter morralla entre mi hermana y yo otra vez para ganar una discusión. ¿Te recuerdo todas las barbaridades que dijisteis después? Porque claramente decidisteis que había sido yo el culpable. Empezasteis con que si nunca apunto nada en la lista, que si soy un holgazán, que si ojalá fuera como mi hermana… Lo de siempre, vamos. Me la tenéis jurada.”

Asimismo, la aludida DOÑA LEIRE BUENOS TORRIJOS (hija) interviene:

“Hombre, Leandro… un poco vago sí que eres, la verdad. Y no había dicho nada antes, pero tú fuiste al baño después que yo. No te acuso de nada, pero si alguien lo acabó no pude ser yo.”

Se interrumpe el turno de palabra debido al continuo solapamiento de intervenciones entre los hijos, de las cuales no se deja constancia por su profunda beligerancia. Se realiza, como queda convenido en la normativa, una pausa de cinco minutos en que cada implicado tiene prohibido comunicarse con el resto. Retoma el turno de palabra D. ANTONIO BUENOS MARTÍNEZ (padre):

“Si me permiten, retomo el relato que ha quedado inacabado por las continuas interrupciones.

Bien, por dónde iba. Reconozco que – no me da pudor a pesar de ser conocedor de estas situaciones –, me dejé llevar por las pasiones en un arrebato de cólera. No recuerdo si pronuncié las palabras que D. LEANDRO afirma contra su persona. No obstante, sí recuerdo los improperios pronunciados por D. LEANDRO en respuesta a mis palabras. Se me tildó de déspota y tirano, y DOÑA CONCEPCIÓN fue tildada de – cito textualmente – «perrito faldero». Espero quede constancia con estas líneas de la constante insubordinación y falta de respeto hacia las figuras paternas que reina en este hogar.”

Tras finalizar la intervención, D. LEANDRO BUENOS TORRIJOS (hijo) alza la mano y presta testimonio:

“Qué fácil es para ti tener la razón. Claro, hablando con esos registros formales, fingiendo ser un dinosaurio sabelotodo, así gana cualquiera. Lo traes todo ensayado y no vas ni a reconocer las burradas que me dijiste. No me llamasteis holgazán, ya vale de maquillar la realidad. Me dijisteis que era el más zángano de los zánganos y la vergüenza de la familia. ¿Así mejor? Mira, la diferencia entre tú y yo, papá, es que tú quieres tener la razón a toda costa. Yo no, yo tengo mis principios.”

Por alusión no explícita en sus palabras, toma la palabra DOÑA CONCEPCIÓN TORRIJOS PÉREZ (madre):

“Leandro… que acabamos de hacer una pausa por vuestra bronca, no empieces otra vez, dulcifica. Mira, voy a empezar yo: os pido disculpas por haber dicho cosas que pudieron estar fuera de lugar. Hale, ya lo he dicho, ¿contento?”

A modo de respuesta, D. LEANDRO BUENOS TORRIJOS (hijo) declara:

“Qué considerada, mamá. Vaya disculpa más sentida. Pues yo también, allá voy: siento haberte llamado perrito faldero. Me quedé corto.

Ah, y Leire, no te creas que olvido la perrería que me has hecho antes. En una palabra: acusica, chivata, soplona.”

DOÑA LEIRE BUENOS TORRIJOS (hija) declara, por alusión:

“¿Pero de qué vas, niño? Parece mentira que te hayan educado en la misma casa que a mí. Aún encima de que he dicho que no te acuso. Yo solo quiero decir la verdad y nada más que la verdad.”

Por alusión, rozando los límites establecidos de interrupción de diálogo por segunda vez, D. LEANDRO BUENOS TORRIJOS (hijo) declara:

Niññño… se te llena la boca cuando lo dices. La mayor, la más querida. ¿Pues sabes qué? Que si no me hubiesen tenido a mí, todas esas burradas te las habrían dicho a ti. No te preocupes, que pronto me iré de casa para perderos a todos de vista y ya verás qué bien estáis los tres en vuestra salsa. ¡Buenas Torrijas os comáis!”

Por motivos no contemplados en el código y que a estas alturas poco importan en el desarrollo de los acontecimientos, interviene DOÑA CONCEPCIÓN TORRIJOS PÉREZ (madre):

“Mira Leandro, ya vale. ¿No puedes quitarle el turno de palabra un rato, Antonio? No le valen las disculpas, no le sirve el diálogo… si hasta tiene claro que no quiere seguir en esta casa. Yo también me puedo poner faltona: ¿por qué no te callas?”

Como redactor del informe y parte implicada, dejo patente la dificultad de narrar de forma impersonal lo sucedido a continuación. D. LEANDRO BUENOS TORRIJOS se enzarza verbalmente al mismo tiempo con DOÑA CONCEPCIÓN TORRIJOS PÉREZ y DOÑA LEIRE BUENOS TORRIJOS. Yo mismo, D. ANTONIO BUENOS MARTÍNEZ salgo en defensa de mi esposa. La conversación, si es que se puede calificar como tal, se transforma en una contienda bélica. Como si de munición se tratase, todos los implicados disparan reproches que pareciera tuvieran guardados en un armario mental cuidadosamente ordenado para la ocasión. Se trata de una guerra sin bandos más allá del individuo. Una guerra fratricida en la que los heridos se reincorporan con una velocidad de vértigo a las trincheras. Impera la ley del ataque sin defensa, todos los sentimientos heridos se postergan para su posterior cura.

Para sorpresa de los presentes, DON EUSEBIO TORRIJOS LAFUENTE toma el turno de palabra:

“¡SILENCIO! Creo que hemos oído ya suficiente, ¿no creéis? Fui yo, yo acabé el papel higiénico.”

Todos los implicados permanecen en silencio. DON EUSEBIO TORRIJOS LAFUENTE prosigue:

“Yo soy el culpable de haber acabado el rollo de papel, no el chico. Pero vamos a ver, ¿os parece que esto es normal? Claro que el crío es un desastre, es un crío. ¿Ya no te acuerdas de cómo eras a su edad, Concha? Ya madurará, que tiene la vida entera por delante. Tiene que vigilar un poco más lo que dice, si no le lavaré la boca con jabón, pero por lo demás es más bueno que el pan.

Leire, ha estado muy feo lo que le has hecho a tu hermano. Haces bien en querer ser íntegra, ¡pero hazlo cuando merezca la pena! ¿Qué quieres, recordar dentro de unos años que tu hermano y tú os dejasteis de hablar porque le acusaste de acabar un rollo de papel higiénico?

Antonio, de ti no sé ni qué decir. Cuando nos llegó la carta de citación para este paripé leí que era Concha quien lo había pedido. ¡Que no nací ayer, hombre! Mira, simple y directo: hay que saber separar trabajo y familia. Tampoco te digo mucho más porque creo que ya sabes lo que pienso de tus enfados repentinos. Eres muy buen padre, pero te pierde la boca.

Concha, hija mía, acabo contigo. ¿No te acuerdas de cómo discutías con tu hermana? Os la pegabais el día entero discutiendo, pero también haciendo las paces. ¿Te acuerdas de cuando rompió tu vestido? Bueno, seré un poco más concreto, que te rompió tres. Digo aquel vestido verde lima. ¿Te acuerdas? Fuiste generosa y le perdonaste. No fue gratis, yo hice a tu hermana pagarte el arreglo. Hice lo que pude, a ver, el vestido te lo cogió sin pedírtelo, algún castigo le tenía que caer. Pero estuve ahí, hablando con tu hermana y contigo, queriendo reconciliaros. Hay que remar a la vez, Concha, recuerda. Ser familia es remar a la vez.”

Tras estas últimas declaraciones, los implicados mantienen un silencio de tres minutos. Se da por concluida la sesión, finaliza así la toma de testimonios para el Informe Testimonial Forense.

III – Conclusión y condena.

Se llega a un acuerdo entre todas las partes para poner fin a la disputa, habiendo consenso absoluto entre los implicados. Se concluye así que DON EUSEBIO TORRIJOS LAFUENTE es culpable del delito de instigación a la discusión con alevosía, así como del delito de omisión de socorro.