Me sorprendo pensándolo,
pero no he encontrado forma de rebatirlo.
De algún modo me gustaba que me dolieras.
Sentir ese derrame interno que arrastra la garganta hacia abajo,
abriendo un agujero negro en la boca del estómago.

Es como si te alimentase ese vacío silencioso que crece en ti.
En cierta manera era la sincera demostración de que lo eras todo.
De que confundía la felicidad con el brillo de tus ojos.
De que la primavera empezaba en tu sonrisa.

Alzo la mano y la apoyo sobre la piel,
justo donde tú te encontrabas.
Noto palpitar, tranquilo, al que un día latía loco por ti.

Te pienso,
el tiempo justo,
para que no anides en mis entrañas.

Porque me sangras por todos los sentidos.

Tanto que parece que fuiste más sensaciones que persona.