Queda un largo silencio entre las manos,
un ágil fuego que me quema
destruye lo hasta ahora cosechado
y le quita al escenario el decorado.
Perdona mamá, no lo quiero apagar,
he escuchado que morimos para despertar.

El vacío súbito permanece
rutinario,
se adueña del estío con descaro
y solo me quedan ilusiones degolladas.
Cristales fueron agujereados con sobriedad,
balazos despiadados en multitud
hacen que nos deshaga la oquedad.

Un perro callejero me persigue.
¿Qué será de mí?,
¿qué será de todo lo vivido?
¿qué será de este futuro entumecido?