Ojalá pudiera
tumbarme bajo las estrellas
y escribirte poemas de amor.

Decirte que las constelaciones
me recuerdan a las pecas de tus hombros
y que las recuerdo como motas perfectas
esparcidas salvajemente por tu cuerpo;
como si a Dios le hubiera dado
por jugar con su mejor pincel
sobre su creación más preciada.

La verdad
es que sólo veo
unos puntitos en el cielo
que me recuerdan
lo pequeños
e insignificantes
que somos.

Y que hace tiempo
que ni creo en Dios
ni recuerdo tus pecas.