Buenos días, tardes o noches. Desde luego que para mí no es así. Mi nombre es Valeria, y tengo catorce años.

Cuando llegué al instituto la gente me recibió a patadas. A veces ser demasiado bueno puede llegar a ser un defecto. Que día tras día, la gente que me rodea me quite las ganas de seguir viviendo no puede ser bueno. Se olvidan de que solo soy una adolescente y que, por suerte o por desgracia, ya he vivido más cosas de las que se imaginaban. Ellos me hacen sentir que ser yo fuera una maldición que me soltó la vida y que tenía que soportar estar así hasta que me muriera.

Yo quería poder ser como cualquiera de mis compañeras de clase. Ellas podían presumir ser felices. Yo no. No tenía a nadie con quien poder compartir mis sentimientos, cómo me sentía, desahogarme cuando estaba mal o simplemente conversar. La gente me odiaba y no había hecho nada.

Que alguien estuviera conmigo podía llegar a considerarse un delito -y claro- no podían correr ese riesgo. Era la última persona con la que se sentaría alguien.

Tenía la oportunidad de cambiarme a mí misma, pero no poseía el poder de cambiar las opiniones que pensara la gente acerca de mí. Y ellos no se iban a parar para ver si la chica que se sentaba en la última fila había cambiado en algo.

Necesitaba que alguien me sacara de aquella horrible pesadilla pero nunca acababa y la gente a mi alrededor tenía como hobbie destruirme. Cuando creía que ya nada podría ir peor, aparecía algo o alguien y me quitaba las ganas de seguir viviendo. Era una niña y no tenía ninguna ilusión en la vida.

Estaba chillando a gritos para que alguien me sacara de aquel pozo en el que había caído, pero parecía que todo el mundo estaba demasiado ocupado con su vida como para pararse a escucharme.

Por eso mi mayor pesadilla era tener que enfrentarme cada mañana en ir al colegio. Para mí era una cárcel. Me criticaban por no ser como ellos y, en verdad, era un alivio ser diferente.

Me insultaban, se reían de mí, me amenazaban. No entendía su actitud. Estaba sufriendo sin razón. Siempre era la mala de la película. Daba igual que hiciera algo bien, ellos le sacaban defectos a todo lo que hacía. No destacaba en nada. No se daban cuenta que estaba en su clase, con ellos, hasta que nuestro profesor pasaba la lista.

Hicieron que ser yo fuera lo peor que te podía pasar.

Como esta situación fuera a peor, las demás personas que se sintieran como yo, iban a pensar que no merecían seguir viviendo en este mundo porque eran bichos raros.Seguramente por unas cuantas personas que tenían como meta hacer sentir mal a la gente hasta destruirlas para poder llenar el vacío de la vida más penosa que tenían ellos. Y que lo pagaban con gente que se merecía lo mejor. No con lo peor como estaban haciendo ellos.