Sabes de lo que te hablo.
Si alguna vez lo sentiste,
si tuviste la suerte de incendiarte por dentro,
aunque durara un suspiro,
aunque pensaras que sería eterno.

¿Sabes de lo que te hablo?
De aquello que aún retumba,
que te ensordece con su eco,
te estremece con fotos del pasado,
te revuelve con canciones de la radio.

Sabes de lo que te hablo.
Por mucho que pasen los años,
por muchas veces que soples las velas,
nunca conseguirás apagar su fuego.

No es tocar su mano, ni rizar su pelo,
no es avivar su risa, ni extinguir sus miedos,
no es ponerse en pie de guerra contra sus pesadillas, ni celebrar sus trofeos,
no es tiritar de frío en agosto y arder en llamas en enero,
no es vivir sin prisa y regalarle horas eternas al tiempo,
no es destruir promesas para construir juramentos.
No es solamente eso.

Amar a alguien es sentir sus alas,
y volar con ellas.
Es tenerle dentro arañando el alma,
dejando huella.
Es saber que romperá contigo todos los techos,
el de hormigón y el de cristal,
para poder ver juntos el mismo firmamento.
Es brindar los lunes, viendo el vaso medio lleno.
Es coger todas las piedras del camino,
y construir con ellas una escalera al cielo.
Es saltar a la piscina vacía,
y que te salven del suelo.
Es fallar infinitos intentos,
y acertar con el último dardo,
justo en el centro.
Es poder romperse en mil pedazos para después,
soldarse con fuego.

Y eso no se va, eso permanece
en esta vida,
y en todas las que vienen.

Sabes de lo que te hablo.
eso siempre vive,
eso nunca muere.