31/07/90

No lo entiendo… no entiendo qué ve la gente en estas islas. Solo hay plátanos, playas y un calor eterno y asfixiante. Los turistas vienen unos días, se bañan, recorren los campos, hacen fotos con sus cámaras desechables y vuelven a su mundo real. Pero yo estoy encerrada aquí, en la vieja casa de la abuela, llevándola a misa cada mañana y sirviendo copas a borrachos cada noche. Quiero dejar este sitio y empezar a vivir. La abuela dice que lo pida en mis oraciones. Ya lo hago, pero aun no ha funcionado. Solo puedo acumular postales soñando con lugares que jamás pisaré

1/08/90

Hoy ha sido otro día más. Una mañana de iglesia, un día completo de sofocos y absolutamente nada y una noche de jóvenes insustanciales bebiendo cerveza y cócteles. Mañana entro algo más tarde, espero no encontrarme con demasiados borrachos. La abuela dijo que rezaría por ello, no creo que funcione así.

2/08/90

La noche ha sido como esperaba, llena de borrachos. Aún así no ha sido tan horrible como podía ser, al menos no todos eran borrachos. Había un grupo de jóvenes de la península que se han pasado toda la noche con una única consumición. El jefe odia cuando hacen eso, pero sinceramente yo lo prefiero, dan menos problemas. Una chica del grupo me ha llamado la atención, me ha ayudado a recoger la mesa y ¡hasta se ha puesto a limpiar la mesa con una servilleta! Al final he tenido que decirle que dejase de hacer mi trabajo. Se ha reído, su risa era más dulce de lo que esperaba y me ha hecho sonreír. Para ser turista parecía menos desagradable de lo habitual.

3/08/90

Esta mañana ha llovido. Después de misa la abuela me ha mandado a hacer la compra porque no quería mojarse. Ya tenía las bolsas cuando he pasado por delante de la playa, estaba totalmente vacía. Me he sentado sobre la arena negra, a solas, y he dejado que la lluvia me empapara, era relajante. Sentía como todas las preocupaciones, como los problemas y los pensamientos fluían lejos con el agua que goteaba mi ropa. Un vacío silencioso perfecto, sin dioses ni dólares, solo yo.

Pero han tenido que interrumpirme. Una turista, creo que la chica que ayer recogió la mesa, ha venido, me ha sonreído y se ha sentado a mi lado, empapándose a pesar de llevar un paraguas en la mano. Ha roto completamente el ambiente, mi momento a solas perfecto.

4/08/90

¡Me he vuelto a cruzar con esa maldita turista! ¿Esta niña me sigue o qué? Esta vez ha sido a la salida de la iglesia cuando ayudaba a bajar las escaleras a la abuela. Iba con sus amigos, se había quedado algo rezagada mientras los otros corrían y gritaban con hinchables como si fuesen niños pequeños (turistas, como no…). Estaba mirando una bugambilla y cuando hemos pasado a su lado me ha soltado un rollo sobre si lo que se veían no eran flores sino simplemente hojas coloreadas ¿Y a mi qué? Encima se ha presentado. ¿Qué me importa que se llame Míriam?

5/08/90

Hoy ha sido un día normal, no he tenido ningún encontronazo con esa pesada. Me he quedado toda la mañana en mi cama oyendo la radio y jugando a Megaman. Ya me cansa, pero qué otra cosa puedo hacer. No hay nada más que hacer, salir al calor y a la multitud o quedarse en casa aburrida, solo manteniéndome ocupada lo justo para no darme cuenta de lo monótono que es todo. Hoy ni siquiera trabajo…

6/08/90

Hay veces que no sé por qué escribo este diario, quizá solo escribo por escribir, quizá por no sentirme sola. Porque en el fondo es como me siento. Es lo que me demuestran los turistas cada vez que los veo. Hoy Míriam ha vuelto a mi trabajo, ella y sus amigos. Por algún motivo me he dedicado a observarlos mientras no tenía nada que hacer, de alguna forma sus risas, su compenetración, me hacen sentir vacía, comprender lo que me falta y no sé si llegaré a conseguir. Los miro y siento envidia, me pregunto por qué yo no puedo ser así. Pero no soy la única que no lo tiene, Míriam parecía estar a parte, desconectada de su propia gente.

Se han quedado hasta la hora de cerrar. Cuando ya estaba recogiendo y sus amigos se habían ido Míriam me ha pedido dos botellines. Se los he abierto y me ha dado uno. Nos hemos quedado bebiendo mirando al mar y cuando ya se iba se ha girado y me ha dicho: “no son felices, solo más ignorantes de lo que podrían ser”. De alguna manera me ha reconfortado.

7/08/90

Míriam me esperaba en la puerta de la iglesia, apoyada en una esquina con un abanico en la mano. Ha dicho que no le apetecía nadar, que prefería dar una vuelta por el pueblo, conmigo. ¿Qué ve en mí esta chica? ¿Tan poco encaja con los suyos? La he llevado al centro, esquivando las zonas llenas de hordas de turistas, callejeando entre las viejas casas de pescadores. Hemos hablado, bueno, ella ha hablado, comentaba cada planta, encontraba belleza en cada esquina desconchada. Parece una niña llena de preguntas. Ojalá yo pudiese ser así. ¿Cuándo perdí mi curiosidad y dejé que el mundo absorbiese mis peculiaridades, transformándome en un número más?

8/08/90

Míriam estaba ahí. Esta vez no me ha sorprendido, ya la buscaba con la mirada. Es agradable hablar con alguien sin la presión de que te juzgue, sabiendo que habrá un día que no volverá a saber de ti, que hagas lo que hagas solo serás un recuerdo lejano. Hemos salido del pueblo, no mucho, solo lo suficiente para robar higos de una chumbera y sentarnos en la hierba cerca del arcén. Me ha hablado de sus estudios, de cómo siente que no es su sitio, que no es como el resto de sus compañeros. No he sabido qué contestar, aunque escucharla quizá haya sido suficiente, sonreía mientras hablábamos, casi podía ver los problemas salir de su cuerpo como un humo negro. Ha sido agradable. Quizá la vuelva a ver mañana (ojalá).

9/08/90

La abuela me ha preguntado quién es Míriam, nos vio volver juntas anoche. Por algún motivo me he puesto nerviosa, no es más que una conocida, quizá menos que eso y sin embargo hay algo en esa relación que quiero guardar solo para mi, como un tesoro. He dicho que no era nadie, solo una turista perdida. Estaba ahí, esperándome en la misma esquina, pero he pasado de largo, la he ignorado para ocultarla a la abuela. He vuelto a mi cuarto con la radio y la tele, con aburridas partidas de Megaman. Me lo merezco, yo misma he sido la que ha rechazado la oportunidad de no estar sola. Hoy no trabajo, me acostaré pronto y mañana me disculparé. No puedo hacerle esto, no…

10/08/90

Un frigopie. Me esperaba con un frigopie, no en la esquina de los últimos días sino debajo de la ventana de mi cuarto. No sé cómo ha descubierto dónde vivo. Pero no he podido evitar reírme a carcajadas viéndola ahí parada con un pie rosa deforme desfigurándose por momentos. Por suerte vivimos en un bajo y he “saltado” por la ventana para encontrarme con ella.Si soy sincera ha sido menos heroico de lo que quería, pero no me he roto nada. No me ha dejado disculparme, no quería saber nada de ayer, según ella hoy solo nos íbamos a ocupar de hoy. Nos hemos comido los helados, ella tenía el suyo propio, un calipo, sentadas en la valla del vecino, a la sombra de su casa. He aprovechado para hablarle de la abuela, de lo que pasó con mamá y todas esas mierdas de mi vida. Mientras hablaba ha rodeado mis hombros con su brazo, como una especie de medio abrazo de camaradería. Hemos jugado al tres en raya con una tiza. Cuando vuelva el vecino se enfadará, pero aún queda para eso. A la tercera partida ya empatábamos siempre, pero nos daba igual, solo era para pasar el rato. Y bien que lo hemos pasado, tanto que casi llego tarde al trabajo, he tenido que salir corriendo y dejarla ahí sentada.

11/08/90

Hoy hemos ido a la playa, a esa cala de rocas que siempre está vacía (hemos es Míriam y yo. Ya sé que más que un diario empieza a ser un cuaderno sobre esa chica, pero poco más hay en mi vida ahora mismo). Nos hemos sentado como si nada, me he raspado en varios sitios, y nos hemos puesto a hablar. Miriam ha visto un gusano saliendo entre las rocas y, en vez de gritar como la mayoría de idiotas, se ha inventado una historia sobre él. Era hermosa pero triste, contaba como el gusano, enamorado de los edificios humanos que veía quería reproducirlos para él, así que escarbaba y escarbaba, imitando cada casa y cada hotel, hasta construir una réplica del pueblo, pero cuando había terminado se encontró que no le quedaba nadie con quien compartir y que la comida que solía encontrar entre la tierra virgen ya no estaba en la esteril tierra compacta de su mini aldea, y solo y hambriento acabó sus días en una ciudad fantasma. Adoro esa mente despierta, me pasaría siglos escuchando las historias y datos que salen de ella, pero la vida tiene que reclamarme. Durante el trabajo he estado viendo a los turistas como gusanos que hacían todo lo posible buscando una belleza idealizada y de golpe se encontraban con que nada era como parecía. Me ha costado no reírme en sus caras rosadas gusaniles.

12/08/90

Soñé con Míriam… no fue un sueño raro. Estábamos en mi trabajo, pero yo estaba sentada en una mesa y ella era la camarera que me servía un extraño cóctel de colores cambiantes, me lo bebí y algo pasó, pero no consigo recordar qué. Lo que me preocupa no es lo que pasaba en el sueño, es el sueño en sí. ¿Cómo se ha convertido en alguien tan importante en mi vida si no hace ni dos semanas que la conozco? Alguien que me sigue en los sueños cuando ni mi mente está ahí. Cuando empecé a verla pensaba que sería una relación sin importancia, alguien a quien poder abrirse sin miedo a ser juzgada o que tus sentimientos más íntimos sean recordados, pero ya no es así. Ahora me importa lo que piensa, lo que siente y como le hago sentir. Estamos conectadas, pero no deberíamos, ella volverá a su vida en la península y yo me quedaré aquí, entre plátanos y playas. No he querido ver a Míriam, le he dicho que debía ayudar a la abuela. No es verdad, pero es mejor que hablar de mi sueño. Por lo demás el día normal, tan aburrido como siempre.

13/08/90

Hoy sí he salido con Míriam. Hemos pasado toda la mañana callejeando sin rumbo fijo, mirando a los turistas inventándonos sus posibles historias. Al principio eran plausibles, el estudiante americano que quería viajar a Europa antes de empezar la universidad, o la pareja que buscaba arreglar su relación con un viaje romántico. Pero luego ya empezó la fantasía, aliens en viajes etnográficos disfrazados de hombres o príncipes de reinos olvidados que buscaban restaurar su fortuna perdida vendiendo palas y cubos en pequeños negocios. Ha sido divertido, nunca me había reído tanto en mi vida. Hemos pasado tanto tiempo con eso que hemos tenido que comer en un chiringuito a pie de playa, la comida era asquerosa pero la compañía era perfecta. Mientras estábamos con el postre he decidido no preocuparme por la importancia que ha tomado en mi vida. Serán pocos días, pero serán días de risas y de historias… interrumpidos por tener que ir corriendo al trabajo…

15/08/90

Ayer no tuve tiempo de escribir, fue un día normal, Míriam tenía una excursión con su grupo así que volví a la rutina de siempre, bueno, con un montón de trabajo de la casa que fui aplazando por mi nueva amiga. Hoy el día ha sido entretenido, estuvimos en mi cuarto, no sé por qué, pero le he enseñado mis postales, la colección de lugares que nunca llegaré a ver en mi vida. Creo que le ha gustado, ha comentado que haría en cada uno de esos lugares. Hemos descubierto que ambas querríamos viajar a Nueva York, hemos quedado que si alguna vez tenemos dinero nos encontraremos en la cima del Empire State Building y visitaremos la ciudad juntas. Ojalá fuese posible, pero en el fondo ambas sabemos que no puede ser, la vida nos va a poner demasiadas trabas. Que fácil sería poder soñar sin pensar en la realidad tal y como es. Quizá un día deba probar…

16/08/90

Volví a soñar con Míriam. Esta vez estábamos en mitad de la nada, solas las dos en una total y cálida negrura, agradable, perfecta, como si no necesitásemos nada más. Pero un abismo blanco empezaba a separarnos, hasta que ya no podíamos vernos, hasta que casi ya no podíamos recordarnos. Ha sido raro, quizá triste. Ya no sé qué siento por ella, ¿es una amistad o algo más? Y si es algo más, ¿el qué? No lo entiendo, no entiendo como me siento y no entiendo por qué lo siento. No le he dicho nada a Míriam, nos hemos sentado en la playa con los pies en el agua, hablando de lo que sentíamos, de futuros; pero no he hablado de mis sentimientos, no de los relacionados con nuestra amistad, o lo que sea… por suerte no me he sentido tensa, era como si esos pensamientos se diluyeran y solo importase nuestro momento. Un momento que no debería acabarse pero que tenía un fin inminente, un fin cuya fecha ni siquiera he sido capaz de preguntar.

20/08/90

Estos días he estado demasiado confusa como para escribir. He pasado los días con Míriam, incluso me salté una misa para la desesperación de la abuela. Las noches, como siempre, han sido horribles ratos en el trabajo. Aún no sé qué clase de relación tengo con Míriam. Hay días que la abrazaría, días que jugaría con ella como si fuésemos niñas en el colegio e incluso días que la besaría como si fuese el último día del universo. No lo entiendo ni tampoco quiero, solo quiero pasar juntas todos los momentos posibles, dejar que me cuente historias y reírme sin parar. Solo quiero que el verano no se acabe nunca. Y aún así me siento culpable, me pregunto que pensaría la abuela si conociese estos sentimientos, cómo se escandalizaría. No me ha educado para sentir lo que siento, solo para ser una buena chica que siga un camino marcado, seguro y aburrido. Pero no es lo que realmente soy. No sé qué soy, pero no es eso. No soy lo que la abuela ha esperado siempre de mí pero siento que debo serlo, que debo complacerla por cada año que ha cuidado de mi.

21/08/90

Hemos ido a las piscinas. Me he pasado buena parte del día mirando a Míriam de reojo, buscando ver qué siente por mí. Solo he conseguido sonrisas. Una gran cantidad de sonrisas alegres y alguna que otra aguadilla, ni que tuviésemos quince años. Quizá no sienta nada o lo sienta todo. Pero debería seguir mi propia decisión y solo pensar en disfrutar el momento, y la verdad es que ha sido increíble. Otro recuerdo más que atesorar.

22/08/90

Hoy hemos ido con sus amigos, no sé qué habrán pensado de mí, casi no he hablado, ni recuerdo sus nombres, solo he hablado con Míriam. Quizá por eso me ha invitado, para no estar tan sola. Hemos pasado el día en su hotel jugando al billar, yo más bien perdiendo al billar (la única vez que he dado a la bola con fuerza he golpeado la lámpara y casi se cae, pero esto no sale de aquí) y a un extraño juego de cartas llamado guiñote que resulta es de su zona. Lo de contar los puntos al final no se aclaraban ni ellos. Para quedar bien le he dicho a Míriam que eran majos y ella se ha partido de risa, me ha contestado que no tenía por qué mentir, que eran unos niñatos, pero no iba a viajar sola.

23/08/90

¡No! ¡No puede ser! Sabía que el día iba a llegar ¿pero tan pronto? Ya lo he sospechado cuando he visto la cara larga que tenía Míriam desde la ventana. Pero no me ha dicho nada, hemos pasado el día como cualquier otro, paseando y hablando, disfrutando de silencios de compenetración. Todo ha saltado por los aires cuando ya casi era el momento de que me marchase a trabajar cuando se ha puesto seria y me ha dicho: mañana vuelvo a mi casa. ¡Acaban sus vacaciones! Estaba llorando cuando me lo decía, como si a ella también le doliese alejarse, como si ella también sintiese algo. Me ha hecho un regalo, apenas nada, pero para mi el mayor detalle posible. Es una postal, pequeña, con unas palmeras impresas y poco más, una foto genérica que podría ser casi cualquier isla. Cuando me la ha dado sus palabras han sido perfectas: «colecciona postales de los paraísos que querrías visitar, pero para mí este es mi paraíso, porque aquí tengo una amiga». He estado a punto de besarla, pero ha salido corriendo y me he quedado con la postal en la mano. Le he dicho al jefe que me encontraba mal y no podía ir a trabajar, no tengo ganas la verdad. Sabía que se marcharía y aún así me ha sorprendido.

24/08/90

Ayer no me fijé, estaba demasiado triste, pero hoy viendo la postal me he dado cuenta de que Míriam escribió su dirección. ¿Quería que se la devolviera escrita? ¿Quería que la usase para mantener el contacto aunque fuese a distancia? No lo sé… quiero rellenar pero no tengo ni idea de que poner… debo pensármelo.

1/09/90

Hoy por fin he rellenado la postal. Me he despedido, me ha dolido hacerlo, pero en el fondo sabía que era lo correcto ¿que oportunidad de volver a coincidir en la vida tendremos? Ninguna, jamás nos encontraremos de nuevo y me parece cruel mantener un contacto que poco a poco se diluirá del todo. Le he dicho que estará siempre en mis oraciones, espero que no me odie por esto.