Quizá nuestro latido
no estaba destinado
a ser compartido,
a estar sincronizado,
a seguir el mismo ritmo.

Quizá deberíamos estar
sobrevolando cielos desconocidos,
pero decidimos compartir alas
para poder sobrevolarnos
a nosotros mismos.

Quizá siempre,
quizá nunca más.

Quizá tu camino
solo pensaba entrecruzarse con el mío
un momento
y decidió quedarse allí
a comprobar cuán largo era,
o quizá fue al contrario
y fui yo la que me adentré
en el tuyo
a sabiendas de que,
quizá,
nunca encontraría la salida.

No sé qué pudo pasar
para seguir en el mismo punto,
quizá siempre supimos
sanarnos mutuamente cada herida,
haciendo invisibles sus cicatrices
y olvidando que,
algún día,
estuvieron ahí
y que es posible
que se abran
si no se lamen bien.

Entonces,
quizá siempre seamos.

Ojalá
         lo seamos
                              siempre