Bebemos aire de nucas ajenas.

Buscamos recuerdos mediocres
dentro de pupilas desconocidas
para que el fracaso
no sea absoluto.

Y nos aferramos a él
para tener algo que abrazar
mientras esperamos
una nueva nuca
de la que respirar.

Bebemos aire de nucas ajenas,
pero nunca de la tierra.

Bebemos aire de nucas ajenas,
porque nos da miedo beber
de nosotros mismos
y terminar asfixiados