Cuando la bruma se disipa en el silencio,
De un desierto frío, muerto.
Cuando el segundo se vuelve momento,
Y un instante, asesina al pensamiento.

Pasa el tiempo,
Lo único que nos pertenece,
Y al mismo tiempo, nos es ajeno.
Pasa el tiempo.

En la soledad de un deseo,
En el éxtasis de un despecho,
En la inmensidad de las horas,
Y de lo que, un día, fue nuestro.

Lo echo de menos.
Añoro los abrazos, los encuentros.
Extraño las sonrisas, los besos.
Ansío nuestra otra vida, los sueños.
Deseo volver a sentir mi mundo despierto, inquieto.

Pero luego, vuelve la lluvia,
La oscuridad, y el futuro incierto.
Luego vuelve la tristeza, y el miedo.
Luego, luego, luego.
Temo que este tiempo, se vuelva eterno.

Y lo siento frío, atento.
Lo siento desgarrado, y enfermo.
Agoniza de heridas pandémicas,
De sudor frío, y hielo.
Lo siento descolocado, roto y sangriento.

En despedazados trozos de miedo.

Me sobran las heridas, los espejos,
No necesito tronos, ni el veneno,
Solo que vuelva todo lo que nos falta,
Que, por faltar, me falta hasta el aliento.

No sé por qué me empeño
En dejar estar lo que siento, lo que me llega a anular.
Si tú siempre estuviste conmigo,
Si me arrastras al infierno, y al cielo, por igual.

Si nunca te apartaste de mi lado,
Si nunca jamás lo harás,
Si te he dado la espalda cientos de veces
y, aún así, me sigues llamando y amando,
con tu música ancestral.

Esto es lo que soy.
Una fuerza desgarradora en un mundo de dolor.
Esto es lo que tengo.
Un papel, un boli, y un vacío profundo, y negro.

Esto es lo que puedo ofrecer, lo que un día fui, y hoy soy,
Lo que siempre anhelo.
Y lo que, a veces, vuelvo a echar de menos.

Inspiración.

Y un sueño que es capaz de luchar contra todo,
por cumplirse y llegar un paso más lejos.

Esto…
Esto es lo que a veces olvido.
Y lo que, al final, siempre recuerdo.